Así será el menú del Governors Ball de los Oscar

  • Wolfgang Puck y su hijo Byron firman de nuevo el menú del Governors Ball para más de 1.500 invitados.
  • El banquete combina clásicos como el pastel de pollo con wagyu A5, sushi al momento y gran despliegue de caviar y marisco.
  • El toque español llega con gazpacho primaveral, aunque este año desaparece el jamón ibérico Cinco Jotas del menú.
  • La velada se remata con miles de mini estatuillas de chocolate, macarons, helados artesanos y coctelería de tequila Don Julio.

Menú de los Oscar 2026

Mientras el foco mundial se concentra en las estatuillas doradas, en los fogones del Dolby Theatre de Los Ángeles se cocina otra gran superproducción: el menú del Governors Ball, la cena oficial que pone el broche gastronómico a la gala de los Oscar. Allí se sientan alrededor de 1.000 a 1.500 invitados, entre nominados, ganadores y grandes nombres de la industria.

Un año más, el banquete vuelve a estar liderado por el chef austríaco Wolfgang Puck, acompañado por su hijo Byron Puck, al frente de un auténtico ejército de cocineros. Entre 150 chefs, pasteleros y un amplio equipo de sala sacan adelante cerca de 25.000 platos en cuestión de horas, en una coreografía cronometrada al segundo donde nada puede fallar.

Un banquete de superproducción para la élite de Hollywood

Banquete de los Oscar

La cena del Governors Ball se ha convertido en un símbolo más de la noche del cine: un menú gigantesco, internacional y muy pensado para todos los gustos. Según ha explicado el propio Puck en la presentación a la prensa, el equipo elabora alrededor de 25.000 mini raciones entre entrantes, platos principales y postres, todo servido en el mismo día de la gala.

El despliegue arranca desde primera hora de la mañana, con una organización que el propio Byron define como “una máquina bien engrasada”. Entre cocina caliente, pastelería y emplatado trabajan cerca de 150 cocineros, apoyados por cientos de camareros que se encargan de que los platos lleguen a las mesas en el punto exacto. La escena, aunque sea entre fogones, poco tiene que envidiar a una gran producción de Hollywood.

Además del número de manos, también impresionan las cantidades: se manejan decenas y decenas de kilos de carne, pescado y productos gourmet, más montañas de pasta, quesos y dulces. Todo ello para que, tras horas de alfombra roja y nervios, las estrellas puedan relajarse con una oferta culinaria que mezcla alta cocina, comida reconfortante y guiños internacionales.

Esta edición, el banquete se celebrará de nuevo en el entorno del Ray Dolby Ballroom, con una escenografía pensada para acoger a más de 1.000 comensales entre nominados, directores, productores y acompañantes. Al terminar la retransmisión, la alfombra roja deja paso a un salón donde los canapés de lujo y las bandejas de champán sustituyen a los flashes.

Los clásicos que nunca fallan: pastel de pollo, wagyu y tomahawk

Platos del menú de los Oscar

Dentro de este gran despliegue, hay un plato que ya es casi tan reconocible como la propia estatuilla: el pastel de pollo de Wolfgang Puck. Este bocado, a medio camino entre la tradición estadounidense y el toque de alta cocina, se sirve año tras año y se ha convertido en un emblema del menú. Para esta edición se preparan en torno a 1.200 unidades, enriquecidas con unos 22 kilos de trufa negra que elevan el plato a nivel de lujo absoluto.

Otro de los grandes protagonistas de la noche será la carne japonesa wagyu A5, considerada una de las más exclusivas del mundo. El equipo de cocina trabaja con unos 60 kilos de este corte premium, que llegan específicamente para la ocasión y se presentan en distintas elaboraciones. Puck insiste en que el objetivo es “mostrar lo mejor que el mundo tiene para ofrecer” a través de cada bocado.

Al wagyu se suman las imponentes chuletas tomahawk, con más de 90-100 kilos de este corte preparado a la parrilla para los amantes de la carne. La escena en la presentación del menú, con el chef flameando un tomahawk delante de las cámaras, se ha convertido ya en una imagen habitual previa a cada gala.

El apartado de “lujo clásico” se completa con 30 kilos de caviar, bandejas de salmón ahumado que se moldean en forma de mini estatuillas de Oscar, y montañas de macarrones con queso, un plato sencillo pero muy demandado que aparece cada año en versiones refinadas. En algunas ediciones se han llegado a servir alrededor de 1.000 raciones de este guiño a la comida reconfortante estadounidense, elaborado con hasta 180 kilos de distintos quesos.

Junto a estos imprescindibles, también se preparan pizzas caseras, agnolotti de alcachofa y otras pastas pensadas para quienes prefieren opciones más suaves después de la tensión de la ceremonia. Todo, eso sí, con un acabado de alta cocina y un ritmo de servicio que apenas deja margen de error.

Cocina internacional, barra de sushi y opciones veganas

El menú del Governors Ball no se limita a la cocina estadounidense. El propio Puck ha subrayado que los invitados podrán elegir entre platos japoneses, austríacos, pastas italianas, carnes premium y propuestas veganas. La idea es que nadie se quede sin alternativas, desde las estrellas que siguen dietas estrictas hasta quienes llegan dispuestos a darse un homenaje.

Uno de los puntos más llamativos de este año será la gran estación de sushi preparado al momento. Allí, un equipo especializado elabora piezas a la carta con arroz Nishiki, pescados de alta calidad y técnicas de corte muy precisas. Los asistentes pueden pedir sus combinaciones favoritas, con un servicio casi de barra de restaurante, pero en mitad de un evento multitudinario.

La esquina japonesa del menú no acaba en el sushi: también entran en juego otros bocados orientales y, en paralelo, referencias a la cocina austríaca que reivindican las raíces del chef. Se busca así un menú muy internacional, en el que conviven sabores de Asia, Europa y América sin que resulte pesado para los comensales.

Conscientes de las tendencias actuales en Hollywood, el equipo de Puck ha reforzado además las opciones veganas y vegetarianas. Hay platos de verduras de temporada, ensaladas creativas y preparaciones sin productos de origen animal pensadas para quienes siguen dietas más controladas. El propio chef se ha permitido bromear con el auge de los medicamentos para adelgazar, apuntando que “si alguien quiere, puede acompañar la carne con Ozempic en lugar de espinacas”, en referencia al famoso tratamiento que se ha popularizado entre algunas celebridades.

Todo ello se organiza en estaciones temáticas donde los invitados se mueven con bastante libertad. Así, la gala posterior acaba teniendo un aire más relajado, casi de mercado gourmet de lujo, donde es posible pasar del wagyu al sushi o de unos macarrones con queso a una ensalada vegana en apenas unos metros.

Toque español: gazpacho en la fiesta y ausencia del jamón ibérico

En esta edición, Europa —y en particular España— también tendrá presencia en el menú, aunque con luces y sombras. Por un lado, el banquete incorpora un “gazpacho primaveral” entre los platos fríos servidos a las estrellas, una receta pensada para combatir las altas temperaturas previstas en Los Ángeles durante la jornada de la gala.

El gazpacho se presenta como una sopa fría ligera y saludable, con guiños al gazpacho andaluz tradicional pero abierta a variaciones de temporada. En los últimos años, este plato se ha reinterpretado con ingredientes como melón, cerezas u aceitunas verdes, propuestas cada vez más habituales en restaurantes europeos y también en eventos internacionales. Se trata de versiones rápidas de preparar, muy refrescantes y con un perfil nutricional interesante, algo que encaja bien con el tipo de dieta que siguen muchas celebridades.

Así, no es extraño encontrar para la ocasión gazpacho de melón, suave y ligeramente dulce, acompañado de jamón o dados de fruta; o incluso variantes de gazpacho de cerezas, populares en recetas de chefs como José Andrés y que aportan un tono rojizo muy fotogénico. Más recientes son las opciones de gazpacho con aceitunas y albahaca, que sustituyen el tomate y juegan con sabores herbales y toques mediterráneos, algo muy en línea con la cocina de vanguardia europea.

El contrapunto llega con la ausencia del jamón ibérico Cinco Jotas en la cena de los Oscar. Tras seis años seguidos formando parte del menú con varias piezas de jamón de Jabugo, la Academia ha decidido dejar fuera en 2026 este producto español, pese a que los chefs Wolfgang y Byron Puck lo habían vuelto a proponer como parte de la selección.

Byron Puck ha explicado que la decisión se debe a la voluntad de “dar espacio a otras culturas y no repetir siempre la misma cocina”, apostando este año por productos como el sushi y otras elaboraciones internacionales. Aun así, el cocinero ha dejado claro que el jamón “volverá” en futuras ediciones y ha reconocido que le da “muchísima pena” no poder contar con él esta vez, algo que sin duda supone un golpe para la visibilidad de una marca española tan asentada en este escaparate global.

Vinos, champán, tequila y coctelería de alto nivel

En un evento de esta magnitud, la bebida tiene casi tanto protagonismo como la comida. Para acompañar el menú, se servirán miles de botellas de vino, champán, tequila y otras bebidas premium, seleccionadas para armonizar con los distintos platos que salen de la cocina.

Los vinos estarán a cargo de Domaine Clarence Dillon, mientras que el champán oficial será Piper-Heidsieck, dos nombres habituales en celebraciones de este calibre. También habrá sake con la firma Dassai, reforzando esa presencia japonesa que recorre buena parte del menú de esta edición.

La coctelería se apoya especialmente en el tequila Don Julio, que se ha consolidado como protagonista de la barra en los últimos años. El bartender Lorenzo Antinori, cofundador del reconocido Bar Leone en Hong Kong, ha diseñado una serie de cócteles especiales con inspiración mexicana e italiana, pensados específicamente para la gala.

Entre los nombres de estos tragos aparecen guiños directos al cine, con combinaciones bautizadas como “The Best of the Show”, “Maestro Martini” o “The Sequel”. La idea es que las estrellas puedan brindar por sus nominaciones con bebidas creadas solo para esa noche, manteniendo el tono festivo sin perder el punto sofisticado que se espera de un evento así.

Esta carta líquida se despliega en varias barras repartidas por el salón, donde se sirven también vinos blancos y tintos, cava, agua y refrescos para los que prefieren opciones más tranquilas. Al combinar las bebidas con las distintas estaciones de comida, se busca un equilibrio entre maridajes clásicos y propuestas más arriesgadas para los paladares curiosos.

Un final dulce a base de mini Oscar de chocolate, macarons y helados

La parte dulce del menú del Governors Ball se ha convertido en un espectáculo por sí misma. Este año, el gran icono vuelve a ser la colección de mini estatuillas de Oscar de chocolate, preparadas en cantidades masivas. El equipo de pastelería ha elaborado alrededor de 6.000 pequeñas figuras, bañadas con un spray dorado que imita el brillo del galardón original.

Estos “premios comestibles” se reparten entre los asistentes, que pueden llevárselos a casa o disfrutarlos al momento. El chef Garry Larduinat ha señalado que, dado lo complicado que es ganar realmente un Oscar, recibir uno “de chocolate” tiene también su encanto y se ha convertido en un detalle muy esperado por los invitados.

Junto a las estatuillas, el apartado de postres incluye pirámides de macarons en distintos sabores y colores, cuidadosamente apilados para crear auténticas esculturas comestibles. Se suman a ellos helados artesanos en variedades como pistacho, avellana o stracciatella, una opción ligera y agradecida después de una cena tan contundente.

En muchas mesas aparecen también bocados dulces más pequeños: tartaletas de fruta, chocolates variados, mini postres individuales y otras propuestas pensadas para que los comensales puedan picar sin necesidad de sentarse a un postre único y pesado. Todo se orienta a un formato tipo cóctel, donde es fácil levantarse, hablar con otros invitados y probar diferentes especialidades sin perder el hilo de la fiesta.

El resultado es una mesa dulce fotogénica y abundante, que compite en flashes con las propias estatuillas oficiales. No es raro que circulen por redes sociales imágenes de estas creaciones, especialmente de las figuras doradas de chocolate, transformadas ya en un símbolo más de la noche.

La maquinaria oculta: tiempos, equipo y presión entre bambalinas

Si algo queda claro al repasar el menú es que la parte más visible es solo una pequeña fracción del trabajo que hay detrás. La preparación de la cena del Governors Ball implica semanas de pruebas, ajustes de recetas y coordinación logística, que culminan en una jornada maratoniana el mismo día de la gala.

En las cocinas del Dolby Theatre y del Ray Dolby Ballroom, el equipo de Puck revisa procesos para garantizar que los 25.000 platos salgan a la vez, a la temperatura correcta y con la presentación prevista. La organización se apoya en estaciones muy definidas —carnes, pescados, pastas, sushi, postres—, cada una con su jefe de partida y un ritmo de producción ajustado al minuto.

Byron Puck ha explicado que, tras más de tres décadas al frente de este banquete, se ha perfeccionado una especie de “coreografía” interna donde cada movimiento está previsto: desde el momento en que se cortan las primeras verduras hasta la salida de las últimas bandejas de macarons. La experiencia acumulada permite resolver imprevistos con rapidez y mantener una apariencia de absoluta tranquilidad de puertas hacia fuera.

Además de los cocineros, hay que contar con el trabajo de cientos de camareros y personal de sala que se encargan de servir y retirar platos en un espacio en el que coinciden actores, directores y productores de todo el mundo. En muchos casos, se trata de profesionales que repiten año tras año y que conocen bien los tiempos del evento, algo clave cuando lo que se busca es que nada interfiera con el ambiente festivo de la noche.

Entre bastidores, el nivel de exigencia es alto: se trabaja con productos de altísima calidad que no admiten errores de manipulación, y se maneja a la vez una lista compleja de intolerancias, restricciones alimentarias y preferencias personales. Aun así, la filosofía del equipo es clara: que las estrellas, después de meses de promoción y nervios por los premios, se sienten a la mesa y solo tengan que preocuparse por disfrutar.

Con este despliegue, el menú del Governors Ball se consolida como otro de los grandes atractivos de la noche de los Oscar: un recorrido gastronómico que mezcla lujo, tradición, guiños internacionales y presencia europea, incluido ese toque español del gazpacho, y que este año deja fuera al jamón ibérico pero mantiene intacta la voluntad de sorprender. Entre wagyu japonés, caviar, sushi al momento y miles de mini Oscars de chocolate, la gran fiesta del cine se completa con una propuesta culinaria a la altura del espectáculo que se vive sobre el escenario.

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