Las bebidas energéticas se han convertido en un producto habitual en supermercados, máquinas expendedoras y establecimientos de alimentación. Su popularidad entre los más jóvenes ha disparado las alarmas en el ámbito sanitario, y cada vez son más las administraciones que deciden poner límites a su consumo.
La última en hacerlo ha sido Baleares, que ha aprobado por unanimidad la prohibición de su venta a menores de 18 años. La medida, que también afecta al óxido nitroso conocido como ‘gas de la risa’, forma parte de un decreto ley de protección de la salud pública con multas de entre 6.000 y 60.000 euros. Esta decisión se suma a la adoptada por otras comunidades como Galicia, que ya había restringido su comercialización.
Un consumo extendido entre los jóvenes
Los datos que manejan las autoridades sanitarias confirman el elevado consumo de bebidas energéticas entre los adolescentes. Según la encuesta Estudes 2023, casi la mitad de los estudiantes de entre 14 y 18 años había consumido este tipo de bebidas en el último mes, y un 19,5% reconocía haberlas mezclado con alcohol en ese mismo periodo. Estas cifras se repiten en otras fuentes y han llevado a los expertos a advertir sobre los riesgos de una práctica cada vez más habitual.

La combinación de bebidas energéticas con alcohol es especialmente peligrosa porque la cafeína enmascara los efectos del alcohol, haciendo que el joven no perciba su grado de embriaguez. Esto puede conducir a un mayor consumo y a conductas de riesgo como accidentes de tráfico o relaciones sexuales sin protección. Además, el consumo frecuente de estas bebidas se asocia con problemas de obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.
El exceso de cafeína en las latas
Más allá de los azúcares, la cafeína es uno de los componentes que más preocupa a los profesionales de la salud. Un análisis de la OCU sobre 123 variedades comercializadas en España reveló que la concentración de cafeína oscila entre los 14 y los 32 miligramos por 100 mililitros. Sin embargo, el tamaño del envase puede multiplicar la cantidad ingerida: una lata de 500 mililitros puede contener entre 150 y 160 mg de cafeína, el equivalente a dos cafés. La misma concentración de 32 mg/100 ml, en un envase pequeño de 250 ml, se queda en 80 mg.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y la AESAN establecen que para un adulto sano el consumo de hasta 400 mg de cafeína al día repartidos a lo largo de la jornada no supone un riesgo. Sin embargo, una sola lata de 500 ml puede representar el 40% de esa cantidad. En el caso de los adolescentes, el límite recomendado es mucho menor, y los especialistas desaconsejan su consumo por completo. La combinación de cafeína con otros estimulantes como la taurina o la guaraná intensifica los efectos adversos.
Los expertos alertan de que el consumo de estas bebidas en ayunas o en grandes cantidades puede provocar palpitaciones, arritmias, ansiedad e insomnio. La mezcla con alcohol es especialmente arriesgada, porque la cafeína enmascara los efectos del alcohol y aumenta la probabilidad de intoxicación y conductas peligrosas. Los profesionales de la salud recomiendan evitar su ingesta en menores, embarazadas y personas con problemas cardiovasculares.
Una tendencia que se extiende por España
Galicia fue la primera comunidad en prohibir la venta de bebidas energéticas a menores y obligar a separarlas en los supermercados de los refrescos comunes. Asturias limita su compra a partir de los 16 años, y otras comunidades como el País Vasco, Aragón, Castilla y León o Valencia ya preparan restricciones similares. La presión social y la evidencia científica están acelerando estas decisiones políticas.

La preocupación ha llegado a las instituciones europeas. La EFSA ya ha señalado que ingestas puntuales elevadas de cafeína pueden tener efectos adversos sobre la salud, especialmente en los más jóvenes. Además, los datos de consumo indican que estas bebidas se han convertido en un problema de salud pública que requiere una respuesta coordinada.

La prohibición en Baleares es un paso más en el camino para frenar un consumo que se ha disparado entre los menores. La evidencia científica acumulada sobre sus efectos nocivos, desde el insomnio hasta las arritmias, ha llevado a varias comunidades a tomar cartas en el asunto. Aunque la industria defiende la legalidad de sus productos, los datos de consumo juvenil y las advertencias sanitarias apuntan a que la regulación seguirá ampliándose en los próximos meses.
