Cuando el calor empieza a apretar y se nota ese cosquilleo típico previo a las Hogueras, Alicante se prepara para uno de sus rituales más sagrados. No hablamos solo de la pólvora o los monumentos que adornarán las plazas, sino de ese bocado que combina el salado de la atún de zorra con el dulzor de la cebolla bien pochada y los piñones. La emblemática coca amb tonyina es la reina indiscutible de las mesas alicantinas durante estos días, y por eso se ha puesto en marcha una nueva edición del certamen que busca premiar la excelencia de este manjar tan nuestro, reconociendo el saber hacer de los profesionales de la harina.
El Ayuntamiento, en colaboración directa con las asociaciones del sector, quiere dar un espaldarazo a los artesanos que cada mañana se dejan la piel frente al horno para que no falte este producto en ninguna casa. No es solo una competición para ver quién cocina mejor, sino una forma de proteger las raíces gastronómicas que nos definen como pueblo y de asegurar que las nuevas generaciones sigan disfrutando de un producto de calidad, alejándose de elaboraciones industriales que poco tienen que ver con la receta original que ha pasado de padres a hijos durante décadas en la capital de la Costa Blanca.
Detalles sobre la participación y el desarrollo del certamen

Las panaderías y pastelerías que quieran demostrar que su receta es la que manda en la ciudad tienen de plazo hasta el próximo 4 de junio para formalizar su inscripción. Es una oportunidad de oro para que los pequeños negocios de barrio luzcan sus habilidades y obtengan el reconocimiento que merecen ante un público cada vez más exigente. Una vez cerradas las listas de participantes, el jurado se pondrá manos a la obra el día 5 de junio para catar y decidir cuáles son las elaboraciones que alcanzan la gloria este año, analizando cada detalle de las piezas presentadas.
Detrás de esta iniciativa encontramos un frente común formado por el Gremio de Panaderos y Pasteleros de la provincia, Facpyme y el consistorio local, quienes han unido fuerzas para que la fiesta también se viva con el paladar. La intención es clara: posicionar la gastronomía alicantina en el mapa internacional a través de sus productos más auténticos y honestos. Como bien se ha señalado desde la concejalía de Comercio, se trata de una plataforma de visibilidad necesaria para que el trabajo manual y el cariño que se pone en cada amasado no pasen desapercibidos entre el bullicio y la música de la fiesta grande.
Categorías y criterios para alcanzar el podio gastronómico

El concurso no se olvida de nadie y por eso mantiene dos modalidades muy diferenciadas pero igualmente competitivas. Por un lado, tenemos la categoría tradicional, la de toda la vida con su masa de aceite y anís, y por otro, una sección dedicada exclusivamente a la coca amb tonyina sin gluten. Esta última modalidad es vital para que las personas con necesidades alimentarias especiales no se queden fuera de la tradición y puedan disfrutar de un bocado artesanal con las mismas garantías de sabor y textura que el resto de los vecinos.
A la hora de hincar el diente, los expertos del jurado no lo tendrán nada fácil para emitir un veredicto. Se van a mirar con lupa aspectos fundamentales como el equilibrio entre el relleno de atún y la masa, que la textura sea la adecuada —ni muy correosa ni que se desmigue al primer contacto— y que la presentación sea impecable. Pero por encima de todo, se premiará la autenticidad y el uso de ingredientes locales, respetando esas técnicas que requieren paciencia y buen ojo, algo que solo se consigue tras muchos años de oficio frente a los fogones.
El impacto del galardón y el éxito de ediciones anteriores
Ganar este concurso no es solo llevarse un trofeo a casa para ponerlo en un lugar preferente del escaparate; supone un impulso económico muy potente para el establecimiento ganador. Si echamos la vista atrás a la edición pasada, podemos ver cómo la panadería Delicias de Gala triunfó en la modalidad clásica, mientras que Vegan Bombón hizo lo propio en la categoría apta para celíacos. Ambos locales se convirtieron en lugares de peregrinación para los más cafeteros y vendieron cientos de unidades durante la semana grande de las fiestas de San Juan, demostrando que el público valora el sello de calidad.
La repercusión mediática que consiguen estos premios ayuda notablemente a que el consumidor se decante por el comercio de proximidad frente a las grandes superficies. Al final, lo que se busca es que el cliente sepa valorar el esfuerzo del artesano local y la diferencia que existe cuando se utiliza un producto fresco de la tierra. La coca amb tonyina, que suele ir de la mano de unas buenas bacoras de temporada, es el combustible oficial de los alicantinos durante estas fechas tan señaladas y este certamen es el escaparate perfecto para sacar pecho de nuestra cultura culinaria.
La capital alicantina se vuelca una vez más en la defensa de su patrimonio más sabroso, fomentando un ambiente de sana competencia entre los profesionales que mantienen vivos los hornos de la ciudad. Con el respaldo de las instituciones y el entusiasmo de los vecinos, el certamen asegura que la esencia de la cocina tradicional se mantenga intacta frente a las modas pasajeras. Se trata de un evento que va más allá de lo meramente gastronómico para convertirse en un pilar de la identidad local, donde el respeto por el producto y la maestría técnica se dan la mano para deleite de todos los que aman las tradiciones de su tierra.