Día Mundial del Atún y sostenibilidad de la pesca: avances, retos y papel de España

  • El Día Mundial del Atún subraya el valor económico, nutricional y ecológico de esta especie clave para España y Europa.
  • Las medidas internacionales han permitido que la mayoría de poblaciones de atún se consideren hoy biológicamente sostenibles.
  • Persisten riesgos como la pesca ilegal, el cambio climático, los conflictos geopolíticos y la presión del mercado global.
  • La cooperación internacional, la innovación tecnológica y el consumo responsable son decisivos para proteger el atún a largo plazo.

Dia Mundial del Atun

El Día Mundial del Atún, que se celebra cada 2 de mayo, llega este año con un mensaje a dos velocidades: por un lado, los datos apuntan a una clara recuperación de muchas poblaciones de atún gracias a la regulación internacional; por otro, los expertos avisan de que los riesgos no han desaparecido y de que cualquier relajación podría devolvernos al escenario de sobrepesca del pasado.

Este pez, fundamental para la alimentación, la economía y los ecosistemas marinos, se ha convertido en un símbolo del reto de gestionar de forma sostenible los recursos del océano. España y la Unión Europea tienen un papel protagonista: son potencias en captura, transformación y exportación de atún, y al mismo tiempo están en primera línea frente a los efectos del cambio climático, las tensiones geopolíticas y la presión de un mercado global en constante crecimiento.

Un recurso clave para la nutrición y la economía mundial

Atun y nutricion

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el atún sostiene la dieta de millones de personas y es un soporte económico esencial para numerosos países costeros de todos los continentes. Se calcula que su mercado global ronda los 40.000 millones de dólares anuales, una cifra que refleja hasta qué punto este recurso se ha integrado en la cadena alimentaria internacional.

Solo en 2023, las capturas comerciales de atún alcanzaron unos 5,2 millones de toneladas, lo que representa aproximadamente el 6,5 % de todos los peces extraídos del mar. Una parte muy relevante de ese volumen se destina a la industria conservera, que ha convertido al atún en un producto habitual en despensas de Europa, España incluida, y en mercados tan diversos como Asia o América Latina.

Desde el punto de vista nutricional, el atún destaca por su alto contenido en proteínas de calidad, ácidos grasos Omega-3, minerales y vitamina B12, y es ideal para construir comidas realmente equilibradas. Estas características lo han situado como un alimento estratégico en contextos de tensión alimentaria. Durante la pandemia de la COVID-19, por ejemplo, el consumo de pescado enlatado -en buena medida, atún- se disparó, tal y como ha documentado el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), al ser un producto accesible, de larga duración y fácil almacenamiento.

Pero su relevancia va mucho más allá de lo que llega al plato. En el océano, el atún actúa como depredador tope dentro de la cadena trófica marina, regulando las poblaciones de peces más pequeños y contribuyendo al equilibrio ecológico. La disminución o desaparición de sus bancos no solo tiene impacto económico, sino que puede desencadenar efectos en cascada sobre todo el ecosistema marino.

Del aviso rojo a la recuperación: impacto de la sobrepesca

Sobrepesca del atun

Durante décadas, la demanda global de atún creció a un ritmo muy superior a la capacidad de regeneración natural de las poblaciones. Su éxito como producto -presente en conservas, sushi, platos preparados y una infinidad de propuestas gastronómicas- impulsó una pesca cada vez más intensiva y competitiva en los grandes océanos del planeta.

Este escenario provocó que varias especies y poblaciones sufrieran descensos alarmantes. En 2011, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) llegó a clasificar siete de las 61 especies conocidas de atún en categorías de amenaza, con distinto nivel de riesgo de extinción. El mensaje era claro: si no se actuaba con rapidez, el colapso de algunas pesquerías de atún podía ser cuestión de tiempo.

En ese contexto surgió la necesidad de una jornada específica de sensibilización. El Día Mundial del Atún, aprobado por la Asamblea General de la ONU en 2016, se concibió precisamente para visibilizar la importancia de esta especie, denunciar los efectos de la sobrepesca y promover una gestión más responsable a escala internacional.

Desde entonces, se han puesto en marcha cuotas de captura, controles más estrictos y acuerdos multilaterales destinados a frenar el deterioro de las poblaciones. El objetivo ha sido que el volumen de pesca se mantenga dentro de límites biológicos seguros, apoyándose en la evaluación científica y en sistemas de seguimiento de las flotas cada vez más avanzados.

España y Europa: potencias atuneras en primera línea

Flota atunera en Europa

En el ámbito europeo, España ocupa una posición central en la cadena de valor del atún. Es la primera nación de la Unión Europea en capturas de atunes tropicales destinados mayoritariamente a la conserva y lidera también, a escala europea, la pesca de atún rojo del Atlántico y Mediterráneo, repartida entre flota de cerco, almadrabas y embarcaciones artesanales.

En el sector transformador, España es el segundo país del mundo en producción de conservas de atún, solo por detrás de Tailandia. Las conservas de atún generaron en torno a 1.767 millones de euros en 2025, lo que supone prácticamente la totalidad del valor de la industria española de elaborados de pescado. Según la patronal conservera Anfaco, el país comercializa aproximadamente el 67 % de las latas de atún que consume la Unión Europea.

La flota del atún tropical, vinculada en buena medida a España, genera unos 7.000 empleos directos en la UE, de los cuales alrededor de 4.000 corresponden a buques españoles. Esta actividad no solo impacta en los principales puertos atuneros del país, sino también en industrias asociadas como el transporte, la transformación, el comercio y la investigación.

Además del ámbito estrictamente pesquero, en España el atún se ha integrado en la cultura gastronómica con una diversidad de usos que va desde la conserva tradicional hasta la alta cocina y las propuestas de fusión. En ciudades como Madrid, los restaurantes de inspiración marinera, japonesa, nikkei o latinoamericana han convertido el atún -sobre todo el atún rojo- en uno de los pilares de sus cartas, con elaboraciones que van del tataki al tartar, pasando por ceviches, nigiris o bocadillos creativos, siempre con el foco en la calidad del producto.

Avances en la gestión: más ciencia y mejor coordinación internacional

Sostenibilidad y gestion del atun

La buena noticia que trae el Día Mundial del Atún es que las medidas adoptadas en los últimos años están dando resultados tangibles. Desde 2017, cuando solo el 75 % de las capturas procedían de poblaciones no sobreexplotadas, se ha pasado a un escenario en el que el 99 % de las capturas comerciales de atún se consideran hoy biológicamente sostenibles, de acuerdo con las evaluaciones científicas disponibles.

Esta evolución positiva se explica, en gran parte, por la labor de las Organizaciones Regionales de Ordenación Pesquera del Atún, cinco entidades que coordinan la gestión en los distintos océanos. Estas organizaciones han ido incorporando procedimientos de gestión basados en la ciencia, que fijan límites de captura, tallas mínimas y reglas de explotación acordes con el estado de cada población.

La mejora de los sistemas de control, seguimiento y vigilancia también ha sido clave. El uso de tecnologías de rastreo por satélite, observadores a bordo, monitoreo electrónico y bases de datos compartidas entre países permite hoy un control mucho más fino de las capturas y de la actividad de las flotas, lo que reduce el margen para prácticas irregulares y facilita la toma de decisiones fundamentadas.

Un caso especialmente simbólico es el del atún rojo del Atlántico. Tras décadas de declive y ausencia en muchas zonas, las medidas de restricción y la gestión coordinada han favorecido su recuperación hasta el punto de que ha vuelto a aparecer en áreas donde prácticamente había desaparecido, como el sur de Inglaterra e Irlanda. Este ejemplo se cita a menudo como prueba de que, cuando la regulación se aplica de manera rigurosa y se respeta, los grandes depredadores marinos pueden recuperarse.

En paralelo, la FAO impulsa el proyecto “Common Oceans Tuna”, que busca asegurar que todos los grandes bancos de atún se exploten de forma sostenible para 2027. El programa apuesta por la formación de pescadores y gestores, la adopción de prácticas de pesca más selectivas y ecológicas y la implantación de herramientas de monitoreo innovadoras. De las 23 poblaciones de atún reconocidas, actualmente solo dos siguen en situación de sobrepesca, un dato que muestra el avance pero también la necesidad de no bajar la guardia.

Nuevos marcos globales de protección del océano

Más allá de las medidas centradas exclusivamente en el atún, el marco jurídico internacional está cambiando para reforzar la protección del océano en su conjunto. Un hito reciente es el Acuerdo sobre la Diversidad Biológica Más Allá de la Jurisdicción Nacional (BBNJ), adoptado en 2023 y en vigor desde enero de 2026.

Este tratado busca mejorar la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad marina en aguas internacionales, es decir, en zonas que no están bajo la soberanía directa de ningún Estado. El BBNJ introduce herramientas como las áreas marinas protegidas en alta mar, mecanismos de reparto de beneficios derivados de los recursos genéticos marinos y exigencias de evaluación de impacto ambiental para las actividades que puedan afectar a estos ecosistemas.

En la práctica, este nuevo marco puede contribuir a frenar la pesca no sostenible y otras actividades que degradan los hábitats donde se alimentan y migran los atunes. También abre la puerta a una cooperación más estrecha entre las organizaciones regionales de pesca, los convenios de biodiversidad y los Estados, algo especialmente relevante para la Unión Europea, que ha apostado por integrar las políticas pesqueras y ambientales.

La combinación de estos acuerdos globales con las normativas regionales y nacionales crea un sistema de protección más completo. No obstante, su eficacia dependerá de la capacidad de los países para aplicar y hacer cumplir las reglas, dotando de recursos suficientes a la vigilancia en alta mar y a los sistemas de control de la cadena de suministro.

Riesgos que persisten: pesca ilegal, cambio climático y presión del mercado

Pese a los avances, el paisaje que dibuja el Día Mundial del Atún sigue teniendo sombras importantes. Una de las más preocupantes es la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR), que continúa socavando los esfuerzos de gestión. Al operar fuera de los circuitos oficiales, estas actividades impiden conocer con precisión el estado real de las poblaciones y generan competencia desleal frente a las flotas que sí cumplen las normas.

La pesca de atún también se enfrenta a los efectos crecientes del cambio climático. El calentamiento del agua y la alteración de las corrientes están modificando las zonas de reproducción y las rutas migratorias de estos peces, que se desplazan más mar adentro o hacia latitudes diferentes. Esto encarece los costes de operación de las flotas, altera la planificación de la gestión y pone en riesgo los medios de vida de muchas comunidades costeras, especialmente en países en desarrollo.

Otro foco de preocupación es la captura accidental de especies no objetivo, como aves marinas, tiburones o tortugas. Aunque se han hecho progresos en la introducción de artes y técnicas más selectivas, el problema está lejos de estar resuelto. Reducir al mínimo estos impactos es una condición necesaria para considerar verdaderamente sostenible la pesca del atún a largo plazo.

Todo ello se produce en un contexto en el que la demanda global de atún sigue creciendo, tanto en países desarrollados como en economías emergentes. La popularidad del sushi, el auge de los productos preparados y el atractivo del atún en dietas que buscan proteínas marinas han mantenido una presión elevada sobre el recurso. Sin un equilibrio real entre consumo y conservación, existe el riesgo de que los logros obtenidos en la última década se vean comprometidos.

El impacto de los conflictos y la logística en la flota española

Además de los retos ambientales, la flota atunera española se ve afectada por factores geopolíticos y económicos que complican su actividad diaria. El conflicto en Oriente Medio ha generado una crisis en el suministro de combustibles y en la logística internacional, con consecuencias directas para los buques que operan en áreas clave del Índico y del Pacífico.

Según el sector, el gasóleo ha duplicado su precio y en determinadas zonas se ha vuelto difícil de conseguir, lo que ha llevado a que algunas flotas pasen más tiempo en puerto o se planteen amarrar parte de sus buques porque los costes de operación dejan de compensar. Estas tensiones se suman a problemas logísticos en rutas estratégicas, con incrementos en los precios de los fletes, cambios obligados de trayecto y mayor incertidumbre en la planificación de las exportaciones.

Los exportadores de conservas de atún, especialmente aquellos con clientes en Oriente Medio, llegaron a paralizar temporalmente algunos envíos al inicio del conflicto. Aunque los tráficos se han ido retomando, lo han hecho en un contexto más exigente, condicionado por la subida de seguros, los desvíos de rutas -por ejemplo, desde el canal de Suez al paso por el cabo de Buena Esperanza- y la necesidad de rediseñar cadenas de suministro para reducir riesgos.

A esto se suman las dudas generadas por posibles concesiones arancelarias de la Unión Europea a países competidores como Indonesia o Tailandia en productos como los lomos precocinados o determinados filetes de atún. El sector español ve estas negociaciones con cautela, al considerarlas una amenaza para segmentos en los que se estaban explorando nuevas alternativas de valor añadido.

Atún rojo en España: abundancia, cuotas y mercados exigentes

En el caso del atún rojo, España mantiene un papel de referencia europeo tanto por el volumen de capturas como por la diversidad de sus artes de pesca. La actividad se reparte entre la flota de cerco, las históricas almadrabas del sur peninsular y los buques artesanales que faenan en distintas zonas.

Tras años de restricciones severas, la recuperación de la población de atún rojo ha conducido a una situación de mayor abundancia. Esto, sin embargo, ha abierto nuevos debates en torno al reparto de las cuotas entre flotas y territorios, en un contexto en el que los distintos segmentos reclaman mayor acceso a un recurso que vuelve a estar presente en sus caladeros.

El sector también ha sufrido en los últimos años los efectos de los aranceles impuestos por Estados Unidos y las dificultades para abastecer a determinados mercados de Oriente Medio, especialmente sensibles a los cambios logísticos y a los conflictos regionales. Para las empresas españolas orientadas a la exportación, adaptarse a estas oscilaciones se ha convertido en parte de su día a día.

En paralelo, el atún rojo ha ido ganando peso en la restauración de alto nivel en España y Europa. En ciudades como Madrid o Barcelona, y en muchos destinos costeros, este producto se ha posicionado como un ingrediente estrella en menús degustación, barras japonesas, propuestas nikkei y cocina de autor. Tatakis, tartares, cortes específicos como el morrillo, la ventresca o el tarantelo, y elaboraciones que combinan tradición y vanguardia han acercado al gran público cortes que hace años apenas se conocían fuera de las zonas pesqueras.

Este auge gastronómico tiene una doble lectura: por un lado, pone en valor el producto y puede favorecer precios más justos para la cadena pesquera; por otro, subraya la importancia de que la materia prima tenga un origen certificado y sostenible, para evitar que el aumento de la demanda derive en nuevas tensiones sobre la especie.

Iniciativas locales y cooperación: el ejemplo de Bermeo y el sector vasco

En Europa, y muy especialmente en el Cantábrico, las comunidades pesqueras buscan reforzar su vínculo con el atún desde una perspectiva de identidad, empleo y sostenibilidad. Un ejemplo destacado es el de la asociación Bermeo Tuna World Capital (BTWC), con sede en la localidad vizcaína de Bermeo, uno de los núcleos históricos de la pesca atunera en España.

Con motivo del Día Mundial del Atún, BTWC organiza ciclos de charlas, actividades divulgativas y foros sectoriales que abordan la cadena de valor del atún congelador, las oportunidades profesionales en el sector y el papel de la innovación tecnológica en la pesca de túnidos. Empresas como Grupo Albacora, Echebastar, Inpesca o Pevasa comparten experiencias sobre gestión pesquera, sostenibilidad y empleo, mientras que las rederas vascas -figuras clave en la actividad cotidiana de los puertos- explican su trabajo y su importancia social.

En estas jornadas también se dedica espacio a la pesca de bajura y a su futuro, así como a los avances tecnológicos aplicados a la localización y seguimiento de bancos de atún. Compañías de base tecnológica como Marine Instruments, Nautical, Satlink o Zunibal presentan soluciones de monitoreo remoto, sistemas de comunicación y boyas inteligentes que permiten optimizar las faenas y reducir impactos ambientales.

La dimensión social y cultural se refuerza con iniciativas como los concursos de pintxos en los que el atún es el ingrediente principal, que acercan el producto a la ciudadanía desde la gastronomía cotidiana. Además, la asociación impulsa una Declaración Internacional para la Sostenibilidad del Atún, que busca implicar a instituciones públicas, empresas, comunidad científica y territorios pesqueros de todo el mundo en un compromiso compartido de protección de los ecosistemas marinos y mejora de las condiciones laborales en la cadena atunera.

Estas experiencias locales muestran cómo la gestión del atún va más allá de las cifras de captura: afecta a la cohesión de comunidades enteras, a su patrimonio cultural y a sus perspectivas de futuro. Y evidencian que la sostenibilidad no se limita a conservar el recurso, sino que pasa también por asegurar empleos dignos y una distribución más equilibrada del valor añadido.

Consumo responsable y papel de la ciudadanía

La evolución de las pesquerías de atún en los próximos años dependerá, en buena medida, de la capacidad de mantener y mejorar las medidas de gestión actuales. Para ello será necesario reforzar la cooperación internacional, garantizar el cumplimiento efectivo de las normas en todas las regiones y seguir invirtiendo en investigación científica que proporcione datos fiables sobre el estado de las poblaciones.

Pero los gobiernos y las organizaciones de pesca no son los únicos actores relevantes. El papel de los consumidores europeos y españoles es cada vez más determinante. Elegir productos con certificaciones de sostenibilidad reconocidas, informarse sobre el origen del atún que se compra y apoyar a marcas y distribuidores que transparentan su cadena de suministro son gestos que, sumados, pueden influir en la forma en que se explota este recurso.

En el ámbito de la restauración, tanto en la oferta diaria como en propuestas de alta cocina, crece la sensibilidad hacia la trazabilidad y la procedencia del atún. Muchos establecimientos han empezado a comunicar de manera más clara el tipo de arte de pesca utilizado, la zona de captura o el proveedor con el que trabajan, respondiendo así a un público que se interesa por el impacto ambiental y social de lo que come.

Organismos como la FAO, las organizaciones regionales de pesca y diversas ONG coinciden en que la información al consumidor es un factor clave. Cuanto más clara sea la conexión entre nuestras elecciones de compra y el estado de los océanos, más fácil será consolidar un modelo en el que la conservación del atún y su aprovechamiento económico puedan coexistir de forma duradera.

Mirando al futuro, el Día Mundial del Atún se ha consolidado como un recordatorio de que este pez no es solo un producto más en la estantería del supermercado o un protagonista habitual en bares y restaurantes: es una pieza central del engranaje marino, un motor económico para países como España y un termómetro de hasta qué punto estamos siendo capaces de gestionar responsablemente los recursos del océano. Los avances recientes demuestran que el cambio es posible cuando hay voluntad política, cooperación científica y presión social, pero también dejan claro que esa recuperación sigue siendo frágil y requiere un compromiso constante para no volver atrás.

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