La alimentación vegetariana sigue ganando terreno en Europa y el mundo, y los últimos datos y movimientos institucionales así lo confirman. Italia acaba de registrar su cifra más alta de población vegana, mientras la Unión Europea ha puesto sobre la mesa un plan para reforzar las proteínas de origen vegetal. Pero no todo son buenas noticias: el desafío nutricional del colágeno y la necesidad de mercados transparentes también marcan la pauta.
Este cambio de hábitos no es una moda pasajera, sino una tendencia que afecta a la salud, la política alimentaria y el comercio global. Desde las calles de Hanói hasta Bruselas, el auge de los productos vegetales redefine la forma de comer y de entender la alimentación. A continuación, repasamos los datos más relevantes y las implicaciones para consumidores y productores.
El auge del veganismo en Italia y Europa

El instituto de investigación italiano Eurispes acaba de publicar su informe anual y ha revelado una cifra sorprendente: el 3,2% de la población italiana se declara vegana, el porcentaje más alto jamás registrado. En 2014, esa cifra era solo del 0,6%, lo que supone multiplicar por más de cinco la proporción en poco más de una década. Sin embargo, el vegetarianismo ha bajado del 6,6% al 5,3% en un solo año, y la suma de ambos grupos ha caído del 9,5% al 8,5%.
El estudio también refleja un creciente rechazo a la explotación animal, incluso entre quienes no siguen dietas estrictas. Por ejemplo, el 79,1% de los italianos se opone a la ganadería industrial, y el 81,9% rechaza el uso de animales para pieles. Estos datos indican que la preocupación por el bienestar animal va más allá de lo que se come, y que el veganismo convive con otros cambios en los hábitos alimentarios, como el consumo de ultraprocesados, que alcanza al 62,6% de la población.
Respuesta institucional: el Plan de Proteínas de la UE

La Comisión Europea presentó el pasado 7 de julio el Plan de Acción de Proteínas de la UE, un documento que busca reforzar la autonomía estratégica y la sostenibilidad del sistema alimentario comunitario. Sin embargo, la Unión Vegetariana Española (UVE) ha acogido la iniciativa con cautela: aunque reconoce el avance que supone hablar de diversificación proteica, considera que el plan sigue priorizando la producción animal y no establece medidas concretas para impulsar las alternativas vegetales.
La UVE lamenta que el cultivo de proteínas vegetales en Europa se destine principalmente a alimentar ganado, y pide que se fomente su consumo humano a través de contratación pública, incentivos fiscales y campañas de divulgación. Además, recuerda que España tiene un gran potencial en la producción de legumbres y almendras, así como una fuerte red de investigación en proteínas alternativas, como ocurre con la pizza con harina de garbanzos, pero necesita políticas públicas para no quedarse atrás.
Nutrición: el reto del colágeno en dietas vegetarianas
Uno de los debates recurrentes en la alimentación vegetariana es el colágeno, una proteína que solo se encuentra en tejidos animales. La nutricionista Amy Shapiro lo deja claro: “el colágeno es una proteína animal por definición”, y no existe en plantas. Sin embargo, el cuerpo puede producir colágeno a partir de aminoácidos y nutrientes como vitamina C, zinc y cobre, por lo que una dieta vegetariana bien planificada puede favorecer esa síntesis.
Los suplementos etiquetados como “colágeno vegano” no contienen colágeno real, sino una mezcla de aminoácidos y micronutrientes. La evidencia sobre su eficacia es aún limitada, según la dietista Abigail Collen. Para los vegetarianos, la recomendación es priorizar alimentos como legumbres, frutas cítricas, frutos secos y claras de huevo (en el caso de los ovo-vegetarianos) para estimular la producción natural de colágeno.
El mercado se adapta: ofrendas vegetarianas en Vietnam
En el sudeste asiático, la demanda de productos vegetarianos también está en auge, especialmente en festividades como el Festival Vu Lan, que se celebrará el 27 de agosto en Vietnam. En Hanoi, los mercados ofrecen una amplia variedad de ofrendas vegetarianas, desde rollitos de primavera hasta bandejas completas que pueden superar el millón de dongs (unos 38 dólares). Las compras por internet se han disparado, aunque las autoridades advierten de la necesidad de verificar el origen y la seguridad de los productos.
Este fenómeno refleja una tendencia global: los consumidores buscan opciones vegetales no solo por razones éticas o de salud, sino también por conveniencia y variedad. Las autoridades de Hanoi han intensificado los controles para evitar fraudes y garantizar la trazabilidad, mientras el comercio electrónico abre nuevas oportunidades de negocio, pero también plantea desafíos regulatorios.
En definitiva, la alimentación vegetariana ha dejado de ser una opción minoritaria para convertirse en un movimiento que abarca desde las políticas agrarias europeas hasta los mercados callejeros de Vietnam. Los datos de Italia, el plan de la UE y las iniciativas locales demuestran que la transición hacia dietas más vegetales es imparable, aunque aún quedan asignaturas pendientes en nutrición, regulación y educación alimentaria. La clave está en abordar estos retos con información contrastada y políticas públicas que apoyen a productores y consumidores por igual.
