La crítica situación del salmón atlántico en España: tradición, alarmas ecológicas y debate político

  • El retraso histórico en la captura del campanu en Asturias evidencia el declive del salmón atlántico
  • Ecologistas y científicos reclaman vedas totales y su catalogación como especie en peligro de extinción en España
  • Las restricciones de pesca aumentan, pero las capturas siguen en mínimos y la presión social por mantener la tradición continúa
  • Galicia y Asturias viven un pulso entre intereses recreativos, económicos y la conservación del llamado rey del río

salmón atlántico en río

La situación del salmón atlántico en los ríos del norte de España atraviesa uno de sus momentos más delicados, en plena encrucijada entre tradición, presión económica y exigencias de conservación. Las últimas temporadas de pesca en Asturias y las decisiones administrativas en Galicia han encendido todas las alarmas entre científicos y organizaciones ecologistas.

Al mismo tiempo, la ausencia del célebre campanu en los ríos asturianos y la polémica por permitir de nuevo la captura del salmón en el Ulla, en Galicia, han reabierto un debate de fondo: hasta qué punto es sostenible seguir explotando una especie cuyos números se han desplomado en apenas unas décadas y que podría acabar considerada oficialmente en peligro de extinción en España.

El campanu que no llega: un síntoma del declive en Asturias

En Asturias, la temporada de pesca del salmón de este año arrancó con una imagen muy poco habitual: ningún campanu precintado durante varios días hábiles de pesca, pese a la gran afluencia de pescadores en las cinco grandes cuencas fluviales de la región —Narcea, Sella, Cares-Deva, Eo y Esva—. Esta demora supera incluso la de 2025, cuando el primer salmón terminó saliendo al cuarto día de pesca.

El campanu, primer salmón atlántico legalmente capturado y precintado cada temporada en Asturias, tiene una enorme carga cultural, simbólica y gastronómica. Su subasta mueve tradicionalmente cifras muy elevadas, en un rango que los últimos años ha oscilado entre los 10.000 y los 20.000 euros, con un récord reciente cercano a los 19.300 euros por un solo ejemplar.

La expectación por hacerse con este primer salmón es tal que las riberas de los ríos se llenan de aficionados desde el primer día de veda levantada. Sin embargo, la tendencia de las últimas décadas se confirma: cada vez hay menos salmones en los ríos asturianos y el ansiado primer ejemplar tarda más en aparecer. Lo que antaño se lograba en cuestión de horas se ha convertido hoy en una espera incómoda que alimenta el debate sobre el futuro de la especie.

El declive queda patente en las cifras oficiales. Hace unas cuatro décadas, en Asturias se llegaban a pescar más de 6.000 salmones al año. En la última campaña, el número de ejemplares precintados apenas superó el centenar, con datos que rondan los 127-130 salmones, cifras consideradas mínimas históricas por los expertos que siguen la evolución de la especie.

pesca del salmón en España

Restricciones crecientes, cupos reducidos y una tradición bajo presión

La respuesta de la administración asturiana ha sido ir endureciendo año tras año las normas de pesca. Esta temporada, el Gobierno del Principado ha autorizado un máximo de 154 salmones para todo el año, un cupo que supone en torno a un 75 % menos que el de la campaña anterior, cuando se permitía la captura de 620 ejemplares.

Además del recorte en el número total de piezas, el Ejecutivo autonómico ha limitado el cupo individual a un solo salmón por pescador y temporada, ha reducido el horario de pesca y ha restringido los tramos de río donde se puede practicar la actividad. Pese a ello, siguen siendo miles los aficionados que salen al río: más de 5.200 pescadores cuentan este año con licencia y permiso específico para salmón en Asturias.

En la región rige también una prohibición clara: solo los campanu de cada cuenca pueden comercializarse, mientras que el resto de salmones capturados no se pueden vender y deben destinarse exclusivamente a consumo propio. Esta peculiaridad explica, en gran medida, el elevado precio que alcanza cada campanu en las subastas, muy disputadas por restaurantes que buscan tanto el valor gastronómico como el impacto mediático y se enmarcan en el auge del salmón en España.

En paralelo, se han introducido otras medidas como el retraso del inicio de la temporada con muerte, con la idea de coincidir con la mayor presencia de peces en los ríos. Sin embargo, zoólogos y especialistas advierten de que estas restricciones parciales no son suficientes para revertir la tendencia negativa y que el deterioro de las poblaciones continúa a gran velocidad.

La propia liturgia en torno al campanu, con pujas que superan los 10.000 euros y una gran cobertura en los medios, es vista por parte del movimiento ecologista como una contradicción: mientras la especie se acerca a una situación crítica, se sigue celebrando su captura con una especie de fiesta que muchos califican ya de anacrónica.

Capturas ilegales y errores en el río: el caso del salmón desovado en el Sella

La tensión entre tradición y conservación también se refleja en episodios muy concretos. En el río Sella, en el oriente asturiano, se vivió recientemente una falsa alarma en torno al supuesto campanu: un pescador se presentó en el precinto de Portazgo convencido de haber logrado el primer salmón de la temporada.

Tras pesar y medir el pez, los responsables comprobaron que se trataba de un ejemplar muy por debajo del tamaño mínimo exigido y, además, de un salmón desovado, conocido popularmente como “zancau”. La normativa prohíbe de forma tajante la captura de estos salmones, obligando a los pescadores a devolverlos al agua de inmediato para proteger la reproducción de la especie.

Como marca el protocolo, tanto la pieza como la caña del pescador fueron decomisadas y se abrió un expediente sancionador. No obstante, las fuentes consultadas apuntan a que el autor de la captura no era plenamente consciente de la ilegalidad de su acción, por lo que el caso podría cerrarse sin una multa efectiva, aunque sí con el correspondiente aviso formal y la retirada del supuesto campanu de la lista de capturas válidas.

Este tipo de incidentes pone sobre la mesa la necesidad de una mayor formación e información entre los aficionados, para que sean capaces de identificar correctamente el estado de los peces y respetar las restricciones específicas. Y, de paso, recuerda que no todo vale a la hora de perseguir el prestigio asociado a la captura del primer salmón del año.

En cualquier caso, el suceso ha servido para reforzar la percepción, tanto entre los agentes de control como entre los propios pescadores veteranos, de que el salmon atlántico se encuentra en una situación límite y que cada ejemplar reproductor es clave para sostener lo poco que queda de las viejas poblaciones que antaño llenaban los ríos del norte.

Alarma ecológica: ¿hacia la catalogación del salmón como especie en peligro de extinción?

Más allá de Asturias, la preocupación por el futuro del salmón atlántico ha llegado de lleno a la esfera estatal. El Ministerio para la Transición Ecológica ha recibido una petición formal de la organización conservacionista Saxífraga para que la especie sea incluida en el Catálogo Español de Especies Amenazadas en la categoría de «en peligro de extinción» en todo el territorio nacional.

Según la documentación presentada por esta entidad, el salmón atlántico cumple, al menos, dos de los criterios recogidos en la normativa que regula el Listado de Especies en Régimen de Protección Especial y el propio catálogo de especies amenazadas. Por un lado, en los últimos treinta años la especie habría desaparecido de la mitad de los ríos españoles en los que estaba presente. Por otro, las poblaciones se habrían desplomado en torno a un 70 % en apenas tres generaciones.

Estas cifras encajan con la percepción que comparten muchos científicos de campo y organizaciones ecologistas, que insisten en que la situación es incluso más comprometida en España que en otros puntos de su área de distribución. A escala internacional, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) cataloga al salmón atlántico como “casi amenazado”, pero los datos españoles apuntan a una realidad aún más frágil.

Como respuesta a la solicitud de Saxífraga, el Gobierno central ha pedido a su Comité Científico asesor —vinculado al Comité de Flora y Fauna, donde están representadas también las comunidades autónomas— la elaboración de un informe detallado sobre el estado de conservación del salmón atlántico en España y sobre si procede elevar su grado de protección hasta la categoría de especie en peligro de extinción.

El procedimiento es reglado: se abre un expediente a partir de la petición acompañada de informes técnicos, se remite al órgano científico, que emite un dictamen, y finalmente el asunto pasa al Comité de Flora y Fauna, donde las autonomías deciden si respaldan o no la propuesta. Este mismo esquema se ha seguido ya en varias ocasiones con otras especies acuáticas emblemáticas, como la anguila europea, cuyo intento de catalogación como especie en peligro ha chocado repetidamente con la falta de apoyos autonómicos pese a los informes favorables de los expertos.

Ciencia frente a intereses políticos y económicos

La experiencia con la anguila y con otras especies, como el lobo ibérico, ha alimentado el temor de que el futuro estatus del salmón pueda verse atrapado entre el consenso científico y las reticencias políticas. Desde el propio ámbito del Ministerio se ha advertido de que en los últimos años se ha producido un cierto “giro” hacia la desconfianza en la ciencia a la hora de tomar decisiones sobre protección de fauna.

Responsables de la administración central han señalado públicamente que el sistema de catalogación de especies funcionó durante décadas con bastante estabilidad, pero que ahora se están encontrando con bloqueos por parte de algunas comunidades autónomas que, por motivos de oportunidad política o de presión social y económica, se oponen a ampliar la protección de determinadas especies aun cuando los informes técnicos alertan de un claro declive.

En el caso del salmón, la tensión es especialmente visible en regiones donde la pesca tiene un fuerte peso cultural y turístico. Asociaciones de pescadores, hosteleros y algunos ayuntamientos insisten en la importancia de mantener una actividad tradicional que genera ingresos y empleo, mientras que ecologistas y una parte creciente de la comunidad científica reclaman una veda total, al menos temporal, para permitir la recuperación de las poblaciones.

Los defensores de endurecer las medidas recuerdan que las causas del declive van mucho más allá de la pesca recreativa. Señalan la degradación de los ríos, la contaminación, el aumento de la temperatura del agua asociado al cambio climático, la proliferación de obstáculos como presas o minicentrales y la sobrepesca en el mar como elementos que, sumados, han llevado al salmón a una situación límite.

Frente a las soluciones parciales —como retrasar la temporada o permitir controles de depredadores naturales, por ejemplo cormoranes—, cada vez se escucha con más fuerza la propuesta de un “parón biológico”: suspender por completo las capturas de salmón durante un periodo prolongado, algo que los ecologistas consideran imprescindible y que, sin embargo, choca de lleno con la resistencia de parte del sector y de algunas administraciones regionales.

Galicia: polémica por la reapertura de la pesca y denuncia ciudadana

El debate sobre el futuro del salmón no se limita a Asturias. En Galicia, la decisión de la Xunta de autorizar de nuevo la captura del salmón en el río Ulla ha provocado la indignación de una parte de la ciudadanía y de sectores conservacionistas. Tras un año en el que se había logrado establecer una veda general en la comunidad, la administración autonómica ha aprobado una suerte de “moratoria de la moratoria” que algunos consideran un paso atrás.

En una carta dirigida a la opinión pública, un vecino criticaba duramente la resolución de la Xunta, publicada el 17 de abril, por entender que contribuye a “seguir extinguiendo” al salmón en Galicia. En su mensaje, cargaba tanto contra el Gobierno gallego como contra el ayuntamiento de A Estrada —al permitir la actividad—, contra la sociedad deportiva organizadora y contra un sector de pescadores que, a su juicio, anteponen la captura de un posible “último salmón” del Ulla al esfuerzo de conservación.

Esta posición refleja el malestar creciente entre quienes consideran que, tras años de trabajo para conseguir un marco de protección más estricto, decisiones puntuales orientadas a satisfacer una demanda recreativa o local pueden echar a perder los avances logrados en la recuperación de la especie. El texto, que se despedía con un mensaje casi de despedida al “amigo salmón”, ponía voz a un sentir compartido por parte del movimiento ecologista gallego.

La Xunta, por su parte, defiende la regulación aprobada, alegando que se han fijado cupos y periodos muy limitados y que la actividad se desarrolla bajo estricto control, si bien estas justificaciones no han logrado apaciguar a quienes pedían mantener la veda completa al menos durante varias temporadas.

El caso gallego, sumado a la situación en los ríos asturianos y a la petición elevada al Ministerio, ilustra el choque entre modelos de gestión: uno que apuesta por compatibilizar una pesca recreativa reducida con medidas de protección, y otro que prioriza un enfoque más conservador, que no descarta cerrar totalmente la pesca del salmón mientras no se observe una recuperación clara de las poblaciones.

En conjunto, los datos científicos, las decisiones administrativas y las polémicas locales dibujan un escenario complejo en el que el salmón atlántico se ha convertido en un símbolo de hasta qué punto se está dispuesto a sacrificar tradición y negocio en favor de la conservación. Lo que ocurra en los próximos años con el campanu en Asturias, con las vedas en Galicia y con el proceso estatal de catalogación marcará si este “rey del río” continúa menguando hasta quedar como un recuerdo o si se le concede una verdadera oportunidad de recuperación en los ríos españoles.

salmón
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