La guerra contra las bebidas energéticas: España endurece las restricciones para proteger a los menores

  • Baleares prohíbe la venta de bebidas energéticas a menores con multas de hasta 60.000 euros.
  • Los expertos alertan del peligro de mezclarlas con alcohol, práctica habitual entre los jóvenes.
  • Cantabria relanza su campaña de concienciación ante el elevado consumo adolescente.
  • La evidencia científica vincula estas bebidas con problemas cardíacos, insomnio y adicción.

Bebidas energéticas y su regulación en España

La reciente decisión del Govern balear de prohibir la venta de bebidas energéticas a menores de 18 años ha reabierto el debate sanitario en España. La medida contempla multas de entre 6.000 y 60.000 euros para aquellos establecimientos que suministren estos productos a menores, fijando el límite en preparados con 15 miligramos de cafeína por cada 100 mililitros. En el programa ‘Fin de Semana’, presentado por Beatriz Pérez Otín, el doctor Francisco Botella, miembro del área de nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), ha respaldado con contundencia esta restricción legal.

El especialista ha recordado que otras regiones como Galicia o países como Reino Unido y Francia ya han tomado medidas similares en los últimos años. A su juicio, existe una necesidad imperiosa de prohibir la venta de bebidas energéticas a menores de edad debido a la escasa percepción del peligro que tienen los jóvenes. «Estamos hablando de una bebida que puede crear dependencia y estamos hablando de un grupo de riesgo especialmente vulnerable», ha subrayado el endocrino.

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El peligro de mezclar con alcohol

El principal motivo de alarma entre los facultativos radica en el patrón de consumo real que impera entre la juventud. Frente al argumento recurrente de que recurren a ellas durante las épocas de exámenes, los datos asistenciales reflejan una realidad distinta vinculada al ocio nocturno y a las fiestas. Tal y como ha advertido el doctor en los micrófonos de la emisora, «tres cuartas partes del consumo de esta bebida en adolescentes se hace para combinarla con alcohol».

Esta peligrosa mezcla enmascara la sensación de embriaguez, ya que la cafeína frena la fatiga y la laxitud propias de la ingesta etílica. «Todo eso se palía, con lo cual hace que aguantes más el consumo de alcohol, lo cual lleva a aumentar el consumo», ha alertado el doctor Botella. Por esta razón, los sanitarios insisten en que este peligroso chute en lata amenaza la salud de los jóvenes al multiplicar exponencialmente la ingesta tóxica de alcohol en cada salida.

Dosis extremas de cafeína y azúcar

Más allá del riesgo directo derivado de la mezcla con alcohol, los ingredientes base de estos envases representan una agresión metabólica continuada. El contenido habitual de una lata de medio litro equivale a tomarse dos o tres cafés y aporta alrededor de 50 gramos de azúcar. Ningún adulto consideraría razonable suministrar esa cantidad de café y azúcar concentrado a un menor antes de salir por la noche, lo que evidencia el sinsentido de su consumo normalizado.

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El exceso calórico continuo favorece el aumento de peso, dispara los triglicéridos y eleva el riesgo a largo plazo de desarrollar diabetes de tipo 2. Por su parte, la alta concentración de cafeína genera palpitaciones, insomnio y una temprana dependencia psicológica desde los 14 años. Incluso en las variedades etiquetadas como cero azúcar, el doctor Botella ha precisado que, aunque no sumen calorías directas, mantienen la cafeína íntegra y sus edulcorantes perpetúan la adicción cerebral a los sabores intensamente dulces.

El engaño del marketing nutricional

El endocrino de la SEEN ha denunciado también las agresivas campañas de publicidad que emplean envases llamativos con formas de bala para captar a los adolescentes. Según ha explicado, el reclamo de la palabra energético solo enmascara un producto que «engorda un montón» mediante azúcares refinados. Asimismo, ha aclarado que componentes publicitados como la taurina no aportan ventajas funcionales, al tratarse de un aminoácido no esencial que el propio cuerpo sintetiza o adquiere en la alimentación regular.

Muchas marcas aprovechan la adición de vitaminas y minerales para rotular falsos beneficios sobre el rendimiento, lo que el especialista ha calificado de estrategia comercial engañosa. Ante la necesidad de energía para el estudio o la conducción nocturna, el doctor descarta que existan atajos artificiales y recomienda una buena siesta o, en todo caso, un simple café sin excesos de azúcar. Con la nueva legislación en Baleares, los expertos confían en que se consolide una mayor conciencia social sobre el cuidado preventivo de los menores.

Cantabria intensifica su campaña de concienciación

La Consejería de Salud de Cantabria ha relanzado la campaña ‘No caigas en la trampa, ¡La energía la tienes tú!’ con el objetivo de alertar de los riesgos del consumo de bebidas energéticas, sobre todo entre los más jóvenes, y sensibilizar sobre sus efectos, que «no son inocuos». Para ello, utiliza mensajes como ‘Insomnio, irritabilidad, diarrea… Esto no es energía’, ‘No te arriesgues, no las mezcles con alcohol’ o ‘Todas tienen cafeína, no son para menores’.

La Dirección General de Salud Pública ha decidido reactivar la campaña durante tres semanas, intensificando la difusión de cartelería y folletos en centros sanitarios y municipales. Los esfuerzos se centrarán en informar sobre los síntomas derivados de su consumo, poniendo especial énfasis en el peligro de combinar estas sustancias con el alcohol, una práctica que favorece las conductas de riesgo. La evidencia científica ha demostrado efectos nocivos inmediatos, dadas las grandes concentraciones de azúcar, cafeína y taurina que contienen.

De hecho, se ha constatado que interfieren en el ciclo natural vigilia-sueño y afectan tanto a la duración como a los patrones de calidad del sueño. Además, las elevadas cantidades de azúcar pueden contribuir a obesidad, diabetes y otros trastornos metabólicos. A largo plazo, su consumo entre niños y jóvenes está relacionado con un menor rendimiento académico, con un mayor riesgo de síntomas del trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y con dolor de cabeza crónico.

Datos preocupantes entre los adolescentes

Aunque se ha producido un descenso del consumo de bebidas energéticas en Cantabria -con una bajada de 11,1 puntos en 2025 respecto a los registros anteriores de 2023 (9,3 puntos en la media nacional)-, las autoridades sanitarias advierten que las cifras siguen siendo elevadas. Los datos de la Encuesta sobre Alcohol y Drogas en Enseñanzas Secundarias en Cantabria (ESTUDES 2025) revelan que el 35,5 % de los jóvenes de entre 14 y 18 años probaron estas bebidas en 2025, y un 38,4 % a nivel nacional.

Además, tienen una incidencia mayor entre los chicos que entre las chicas. En el caso de Cantabria, el 43,8 % de los alumnos confirman dicho consumo en el último mes, frente al 26,4 % de las alumnas. Por edades, se pasa de un consumo del 29,3 % entre los estudiantes de 14 años al 39,2 % en los de 17 años. En el último mes, en Cantabria, el 15,1 % de los estudiantes de 14 a 18 años reconoce haber mezclado bebidas energéticas con alcohol, dato muy similar al de la media nacional (15,2 %).

La comunidad médica coincide en que el consumo excesivo puede afectar especialmente a personas jóvenes, con reportes de taquicardia, extrasístoles, taquicardias supraventriculares y ventriculares y otras alteraciones electrocardiográficas asociadas a dosis elevadas de cafeína provenientes, entre otras fuentes, de bebidas energéticas. En el caso de los niños y adolescentes se encontró que el 45% de los eventos adversos analizados comprometían el sistema cardiovascular, mientras que otro 33% correspondía a manifestaciones neuropsicológicas.

Por último, la iniciativa regulatoria en Baleares, respaldada por expertos como el doctor Botella y por campañas institucionales como la de Cantabria, refleja una tendencia clara en España y Europa hacia la restricción de estas bebidas para menores. La combinación de cafeína, azúcar y otros estimulantes, junto con la peligrosa práctica de mezclarlas con alcohol, ha llevado a las autoridades sanitarias a tomar cartas en el asunto. Aunque el debate sigue abierto, la evidencia científica y el respaldo de los profesionales de la salud apuntan a que la protección de los menores debe prevalecer sobre los intereses comerciales, y que la concienciación social es el primer paso para frenar un consumo que, lejos de aportar energía real, compromete la salud y el desarrollo de los jóvenes.


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