La alta cocina española siempre ha generado debates sobre si sus precios responden a la calidad o al entorno. Esta vez, el foco se ha puesto en San Sebastián, donde un plato tan tradicional como las croquetas ha protagonizado una polémica que no deja indiferente a nadie.
El crítico gastronómico y creador del canal Cenando con Pablo, Pablo Cabezali, visitó el pasado 2 de septiembre la terraza del hotel Akelarre, un espacio vinculado al restaurante de tres estrellas Michelin de Pedro Subijana. Allí probó una ración de seis croquetas de jamón “5 Jotas” por 39 euros, un precio que considera desorbitado para lo que ofrece el plato.
Una carta de snacks con precios de lujo

El Espacio Oteiza, nombre que recibe la terraza del hotel, incluye en su oferta una sección de “snacks” donde las croquetas de jamón aparecen bajo la denominación “Croquetas de Jamón ‘5Jotas’”. El precio de 39 euros por seis unidades supone 6,50 euros por cada bocado, una cifra que llama la atención incluso en un entorno de lujo.
Pero no es el único plato con un coste elevado. En esa misma carta, los mejillones rellenos (cuatro piezas) también cuestan 39 euros, los calamares fritos con mahonesa de plancton se venden a 39 euros y un sándwich vegetal de tofu y pesto rojo alcanza los 35 euros. La repostería tampoco se queda corta: una porción de tarta de queso o de la tradicional pantxineta se cobra a 28 euros.
La valoración de Cenando con Pablo: “me esperaba otra cosa”
Tras probar las croquetas, Cabezali no ocultó su decepción. En cuanto a la textura, señaló que no eran excesivamente compactas, pero tampoco cremosas: “Cremosas, desde luego que no… me esperaba otra cosa”, comentó en el vídeo que grabó para sus seguidores.
El empanado tampoco convenció al crítico. Lo describió como “extremadamente clásico, elaborado a base de harina”, y a nivel gustativo lamentó que el jamón no destacara en boca: “No saben tanto a jamón, están al nivel de las que podrías tener en cualquier otro sitio”. En su opinión, las croquetas no estaban mal, pero resultaban “bastante normalitas” para el precio que se paga.
Para Cabezali, la diferencia entre la calidad culinaria y la tarifa final se explica por la ubicación. La terraza ofrece unas vistas privilegiadas al mar Cantábrico, situada en la ladera de Igeldo, un enclave exclusivo que condiciona el precio del menú. “Obviamente en el precio estás pagando el sitio, no la calidad del producto”, concluyó en su análisis.
La cuenta final: 76 euros por una experiencia completa
Al terminar la comida, Pablo mostró la cuenta completa de sus consumiciones en esta terraza donostiarra. A los 39 euros de las croquetas se sumaron 28 de una tarta de queso, 6 de una Coca-Cola y 3 de un agua grande, lo que elevó el total a 76 euros. Una cifra que, según el crítico, solo se justifica por las vistas, “que son muy chulas y quizás sea lo único que haga que pagues tan caras las croquetas”.
El creador de contenido, habitual elogio de la gastronomía guipuzcoana por su buena relación calidad-precio, quiso dejar claro que no está en contra de la alta cocina, pero sí de que un plato sencillo como las croquetas tenga un sobrecoste tan elevado. Su vídeo ya se ha hecho viral y ha reabierto el debate sobre los precios en la alta hostelería española.
Esta no es la primera vez que un plato de este tipo genera controversia. Hace semanas, un cartel de una rotisería también se hizo viral por detallar el precio de las croquetas desde una hasta veinte unidades, aunque en ese caso cada pieza costaba 80 céntimos. La diferencia entre un local popular y un hotel de lujo queda patente: mientras que allí se pide una tabla de precios por simple transparencia, aquí el precio se dispara por el marco en el que se sirve.
La polémica llega en un momento en el que los consumidores se muestran cada vez más sensibles a los precios de la restauración. Aunque las croquetas de Akelarre no son las más caras de la carta, su condición de plato cotidiano las convierte en el ejemplo perfecto de cómo el entorno puede inflar un producto humilde. La crítica de Pablo Cabezali ha puesto sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿cuánto vale realmente una croqueta?
Por ahora, el restaurante no ha respondido oficialmente a las declaraciones del crítico. Pero el debate está servido, y las redes sociales han convertido esta visita en uno de los temas gastronómicos del momento. La impresión general es que, más allá de la calidad de la elaboración, el paisaje y la exclusividad se cobran caro en la costa vasca.

En definitiva, la experiencia de Pablo Cabezali en el Akelarre ha vuelto a abrir el fuego cruzado sobre los precios de la alta hostelería. El crítico, que ha visitado cientos de restaurantes, concluye que pagar 39 euros por seis croquetas solo tiene sentido si se valora el entorno como parte de la experiencia. Quienes busquen un sabor excepcional, quizás deban mirar en otros lugares; quienes quieran disfrutar de una vista inigualable, saben lo que pagan.
