Legumbres: aliadas del corazón y la digestión

  • El consumo regular de legumbres se asocia a un 14% menos de riesgo de cardiopatía isquémica.
  • Un remojo adecuado y una cocción prolongada reducen los gases y mejoran la digestión.
  • Las legumbres en conserva son una alternativa igual de saludable que las cocinadas en casa.
  • Incorporarlas poco a poco y combinarlas con vitamina C optimiza la absorción de hierro.

legumbres variadas

Las legumbres llevan años ocupando un lugar discreto en la despensa, pero la ciencia ha ido desmontando mitos y confirmando lo que muchos intuían: son un alimento básico con efectos reales sobre la salud. Su consumo habitual se relaciona con un menor riesgo de infarto y con una digestión más llevadera cuando se preparan correctamente. Lejos de ser un plato pesado, pueden convertirse en el sostén de una alimentación equilibrada y económica.

En España, donde el consumo de legumbres ha caído en las últimas décadas, los expertos recuerdan que tres o cuatro raciones semanales son suficientes para notar sus beneficios. La clave está en saber cómo cocinarlas para evitar las molestias intestinales que tantas veces las echan del menú. Y, contra lo que se suele pensar, las conservas no son un apaño de última hora, sino una opción perfectamente válida.

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Beneficios para el corazón respaldados por estudios

legumbres en un plato

Varios trabajos científicos han puesto cifras a lo que la tradición ya señalaba. Una revisión de ensayos clínicos publicada en 2014 concluyó que las dietas que incluyen legumbres reducen el colesterol LDL y, según un metaanálisis poblacional, consumir cuatro raciones semanales de cien gramos se asocia a un 14% menos de riesgo de cardiopatía isquémica. El efecto no es milagroso, pero es constante y barato. La fibra soluble que contienen forma un gel en el intestino que atrapa sales biliares, obligando al hígado a usar colesterol de la sangre para fabricar más. Además, sustituir carne procesada o pasta refinada por recetas de arroz y legumbres reduce las grasas saturadas del día y aporta potasio, magnesio y folato, todos implicados en la regulación de la tensión arterial.

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Cómo prepararlas para evitar gases y molestias

cocción de legumbres

La queja más común es la hinchazón y los gases, pero casi siempre tiene solución. Un remojo de ocho a doce horas en agua fría reduce los oligosacáridos responsables de la fermentación intestinal, sobre todo si se añade una pizca de bicarbonato. Es importante tirar el agua de remojo y enjuagar bien antes de cocer. La cocción debe ser prolongada: hervir a fuego fuerte los primeros diez minutos y luego mantener un hervor suave hasta que estén tiernas. La olla a presión acorta el tiempo y elimina mejor los azúcares fermentables. Añadir laurel, comino o una tira de alga kombu al agua también ayuda. Para quienes notan la piel, pasarlas por el pasapurés o elegir variedades peladas como la lenteja roja es una buena opción. Los expertos recomiendan empezar con raciones pequeñas dos veces por semana e ir aumentando, porque la microbiota intestinal se adapta en pocas semanas.

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Legumbres en conserva: una alternativa igual de válida

botes de legumbres en conserva

El mito de que lo casero siempre es mejor se tambalea cuando hablamos de legumbres. Las conservas han sido sometidas a una cocción industrial más prolongada y precisa, lo que desactiva las lectinas y ablanda las fibras hasta un punto que el estómago agradece. Basta con enjuagarlas bien bajo el grifo para arrastrar parte del líquido de gobierno y reducir aún más los azúcares fermentables. El nutricionista Roberto Sánchez del Valle señala que las legumbres de bote son una solución eficaz para quienes sufren digestiones pesadas y que, además, permiten incorporarlas a la dieta sin esfuerzo. Convertirlas en hummus o cremas es otra estrategia inteligente para ahorrar trabajo al aparato digestivo.

Combinar las legumbres con un poco de vitamina C –pimiento crudo, tomate o un chorro de limón– multiplica la absorción del hierro, mientras que conviene dejar el café y el té para un par de horas después. Con estos ajustes, las legumbres pasan de ser el plato que se evita a ser el que sostiene la semana. No son un superalimento ni reemplazan a un tratamiento médico, pero suman año tras año sin encarecer la compra y encajan en casi cualquier menú.

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