
El municipio turolense de Oliete se convirtió en el epicentro del mundo de la legumbre aragonesa con la celebración de la II Jornada sobre Legumbres Singulares de Aragón. El encuentro, promovido por el Grupo Operativo Prolegara, reunió a agricultores, investigadores, entidades sociales y profesionales del sector agroalimentario con un objetivo común: recuperar variedades tradicionales y abrir nuevas oportunidades para el medio rural. Durante la jornada se presentaron los avances del proyecto, que lleva dos años trabajando en la biodiversidad agrícola y en la puesta en valor de estas semillas autóctonas.
Detrás de esta iniciativa están entidades como Gardeniers, Apadrinaunolivo.org, Mensa Cívica, el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA) y la Fundación para la Innovación y Transferencia Agroalimentaria de Aragón (FITA). El proyecto se desarrolla entre 2024 y 2027 en las tres provincias aragonesas, con financiación europea a través de los fondos FEADER y del Plan Estratégico de la PAC. La idea es que la investigación, la producción local y la gastronomía remen en la misma dirección para que estas legumbres no queden en el olvido.
Un proyecto para recuperar variedades tradicionales
El trabajo de Prolegara se apoya en el banco de germoplasma del CITA Aragón, que conserva semillas autóctonas y permite analizar su comportamiento agronómico. La investigadora Cristina Mallor explicó que en 2026 están multiplicando ocho variedades locales en sus instalaciones y que ya han suministrado semillas de dieciséis variedades a los productores del proyecto. Además, se ha analizado la composición nutricional de veinte variedades cultivadas la campaña anterior, con especial atención a su contenido en proteína, fibra y minerales. Ese trabajo, según los responsables, facilita a los agricultores información clave para decidir qué variedades merece la pena incorporar a sus explotaciones.
Víctor Vidal, gestor agrario de Apadrinaunolivo.org, destacó que la iniciativa se encuentra ya en fase de multiplicación para tener suficientes semillas de las variedades recuperadas y poder entrar en cosecha y mercado el próximo año. La idea es que el esfuerzo investigador no se quede en laboratorios, sino que se traduzca en cultivos reales y en productos a la venta. De esta forma, se busca devolver a las legumbres el protagonismo que tuvieron en la dieta y en la economía rural aragonesa.
La Vaina, gastronomía y futuro del sector

Uno de los anuncios más relevantes fue la evolución de La Vaina, una asociación de productores de legumbres de Aragón impulsada al amparo de Prolegara. Paola Hernández, técnica de Proyectos en Mensa Cívica, recalcó que la asociación nace para consolidar una estructura propia que dé continuidad al trabajo del proyecto, impulsar una producción sostenible y abrir mercado. La nueva entidad sigue sumando socios y ya trabaja en estrategias conjuntas para defender los intereses del sector ante administraciones y sociedad.
El encuentro también tuvo un importante componente gastronómico. El divulgador y director gastronómico del Centro de Innovación Gastronómica de Aragón (CIGA), Ismael Ferrer, ofreció una ponencia titulada ‘Educación y cultura en torno a las legumbres’, en la que subrayó que nadie va a comprar lo que no conoce y defendió la necesidad de recuperar la cultura alimentaria alrededor de estas legumbres. La jornada concluyó con una degustación a cargo del chef Luis Estopiñán, del restaurante Malaboka de Alcañiz, que preparó distintas elaboraciones con variedades recuperadas en la comarca Andorra-Sierra de Arcos. Los asistentes también visitaron parcelas de ensayo para ver sobre el terreno cómo crecen estas semillas.
La recuperación de las legumbres singulares aragonesas es un ejemplo de cómo la colaboración entre investigación, producción y gastronomía puede revitalizar el territorio. Con el respaldo de fondos europeos y la implicación de agricultores y profesionales, proyectos como Prolegara y la asociación La Vaina sientan las bases para que estas variedades recuperen espacio en el campo y en la mesa. El camino aún está dando sus primeros pasos, pero los datos apuntan a que la legumbre aragonesa tiene un futuro prometedor para el desarrollo rural sostenible.
