Durante años, los ácidos grasos omega-3 han sido considerados un aliado para la salud cardiovascular. Se encuentran de forma natural en pescados como la sardina o el salmón, y también se comercializan como suplementos. Sin embargo, en los últimos tiempos ha surgido un debate sobre si estas grasas podrían favorecer la aparición de fibrilación auricular, una arritmia bastante común. Un nuevo metaanálisis, publicado en la revista Circulation: Arrhythmia and Electrophysiology, ha querido arrojar luz sobre esta cuestión con una muestra mucho mayor que la de trabajos anteriores.
La investigación, liderada por la doctora Nada Abuknesha y el equipo del Fatty Acid Research Institute (FARI), ha analizado datos de 35 ensayos controlados aleatorios con 114.592 participantes. Según recoge Europa Press, los investigadores también incorporaron información de ensayos no publicados y datos de seguridad que no estaban disponibles en análisis previos. El objetivo era ofrecer una imagen más completa de la posible relación entre la suplementación con omega-3 y la fibrilación auricular.
La dosis, clave en el riesgo de arritmia

El metaanálisis no encontró un aumento del riesgo de fibrilación auricular en quienes tomaban menos de 1.500 miligramos diarios de EPA+DHA, incluso en personas con un riesgo cardiovascular elevado. Esta es una de las conclusiones más relevantes del estudio, ya que la mayoría de los suplementos nutricionales se encuentran dentro de este rango.
La situación cambia con las dosis superiores a 1.500 miligramos diarios. En estos casos, que suelen corresponder a formulaciones de prescripción médica para pacientes con enfermedad cardiovascular establecida, sí se observó un incremento del riesgo. El aumento absoluto registrado fue del 0,8%, lo que significa que no todas las personas que consumen omega-3 a dosis altas desarrollan fibrilación auricular, sino que el posible incremento se concentra en determinados tratamientos y pacientes.
Suplemento nutricional frente a tratamiento farmacológico
La distinción entre consumo nutricional y terapia farmacológica es fundamental para interpretar estos resultados. William S. Harris, presidente del FARI y autor principal del estudio, explicó a Europa Press que «nuestros hallazgos demuestran que la relación entre los omega-3 y la fibrilación auricular es mucho más compleja de lo que sugerían los titulares anteriores».
Los investigadores señalan que, incluso entre pacientes cardiovasculares de alto riesgo tratados con dosis elevadas, deben tenerse en cuenta los posibles beneficios cardiovasculares observados en ensayos anteriores. Estos beneficios incluyen reducciones de infartos, accidentes cerebrovasculares y otros acontecimientos cardiovasculares importantes con determinadas terapias de EPA.
¿Debemos dejar de tomar omega-3?

Los resultados no justifican recomendar que la población general abandone los omega-3. De hecho, Harris señala que para «la gran mayoría de las personas que consumen omega-3 en dosis nutricionales», los datos deberían resultar tranquilizadores. La evidencia actual respalda que el consumo de pescado azul y suplementos a dosis moderadas es seguro y beneficioso para la salud cardiovascular.
En el caso de tratamientos a dosis altas, la decisión debe ser individualizada y supervisada por un profesional sanitario. El propio estudio apunta a que pacientes tratados con estas dosis podrían requerir un seguimiento más exhaustivo. La cuestión no es simplemente si los omega-3 son buenos o malos para el corazón, sino que el riesgo de fibrilación auricular depende de la dosis, del tipo de terapia y de las características de cada persona.
Alternativas sostenibles y fuentes naturales

Más allá del debate sobre los suplementos, conviene recordar que los omega-3 se encuentran de forma natural en alimentos como las sardinas, la caballa o el jurel. Estos pescados ofrecen un perfil lipídico comparable al del salmón, con un precio mucho más accesible y beneficios demostrados para la salud cardiovascular y cerebral. La American Heart Association recomienda consumir al menos dos porciones de pescado graso a la semana.
La acuicultura también está buscando alternativas más sostenibles para producir omega-3. Empresas como MiAlgae están desarrollando métodos para obtener estos ácidos grasos directamente de microalgas, eliminando la necesidad de capturar peces salvajes. Esta innovación podría reducir la presión sobre los ecosistemas marinos y ofrecer una fuente más estable y respetuosa con el medio ambiente.
Más allá del corazón: otros usos en estudio

La investigación sobre los omega-3 no se limita al ámbito cardiovascular. Un estudio brasileño publicado en el Journal of Periodontology ha explorado su uso en el tratamiento de la periodontitis severa. Los resultados sugieren que la combinación de omega-3 y ácido acetilsalicílico en dosis bajas podría ofrecer resultados similares a los antibióticos, lo que abre nuevas posibilidades terapéuticas.
También se ha investigado su papel en la salud cerebral durante la menopausia. La nutricionista Marta Marcè ha señalado que el omega-3, especialmente el DHA, puede ayudar a combatir la llamada «boira mental» que afecta a muchas mujeres durante la transición menopáusica. Sin embargo, los expertos insisten en que la mejor forma de obtener estos nutrientes sigue siendo a través de la dieta, incluyendo opciones como el paté de queso con nueces por su aporte de grasas saludables.
En definitiva, la evidencia actual indica que los omega-3 son seguros y beneficiosos en dosis nutricionales, mientras que las dosis farmacológicas elevadas requieren supervisión médica. La clave está en la moderación y en consultar siempre con un profesional sanitario antes de iniciar cualquier suplementación. La dieta mediterránea, rica en pescado azul, frutos secos y aceite de oliva, sigue siendo la mejor manera de aprovechar los beneficios de estos ácidos grasos esenciales.
