Receta Tradicional de Patatas con Chosco, Berzas y Garbanzos

  • Uso de productos con sello I.G.P. como el chosco y los garbanzos de Fuentesaúco para garantizar la autenticidad.
  • Técnica de chascado de la patata para liberar el almidón y espesar el caldo de forma natural.
  • Combinación de cocciones separadas para optimizar la textura de cada ingrediente antes del montaje final.

Plato de patatas con chosco

Si te gusta el cuchareo potente y los sabores que reconfortan el alma, no hay nada como un buen plato de cuchara basado en la tradición del norte. Hablamos de esa joya de la cocina asturiana que mezcla la contundencia de las legumbres con la calidad de los embutidos curados, creando una sinfonia de sabores que nos transporta directamente a una sidrería asturiana.

Para que este plato quede niquelado, es fundamental apostar por la calidad, utilizando ingredientes con denominación de origen. La clave reside en el equilibrio entre la textura rugosa de la patata y la suavidad de las berzas, todo ello ligado por un caldo rico en grasas naturales provenientes del compango.

Los ingredientes estrella y la preparación previa

Para empezar con buen pie, necesitamos garbanzos de calidad, preferiblemente los de Fuentesaúco I.G.P.. Es vital ponerlos en remojo la noche anterior en abundante agua. Un truco de experto para que queden más tiernos, especialmente si el agua de tu zona es muy dura, es añadir una pizca de bicarbonato o sal al agua de hidratación.

El corazón del plato es el chosco, también con sello I.G.P., que junto al lacón, la panceta y los chorizos forman el llamado compango. Si el chosco no viene ya cocido, deberá cocerse durante unos 90 minutos aproximadamente junto con una cebolla para darle base de sabor y el resto de los embutidos.

El arte de cocinar la berza y la patata

Mientras el compango hace su magia, debemos centrarnos en los vegetales. Las berzas deben lavarse minuciosamente y cortarse en tiras. Lo ideal es añadirlas a la olla del chosco cuando falten unos 30 minutos para terminar la cocción, asegurando que queden cocidas pero no deshechas.

En cuanto a las patatas, aquí entra en juego la técnica del cachelo. No se trata de cortar la patata en trozos limpios, sino de chascarlas. Introducimos el cuchillo un par de centímetros y giramos, creando una superficie irregular y rugosa. Esto es fundamental porque permite que el almidón se libere mejor, logrando que el caldo engorde de manera natural sin necesidad de espesantes artificiales.

Para cocinarlas, se recomienda usar una olla con un chorrito de aceite, una cebolla y sal, dejando que se cocinen hasta que alcancen su punto óptimo de ternura.

Variantes y complementos sugeridos

Aunque la receta clásica es sagrada, existen formas de darle un giro o acompañarla. En algunas versiones más ligeras, se puede optar por potajes de garbanzos con productos del mar, como la sepia o el choco, aunque el resultado es radicalmente distinto al guiso contundente asturiano. Para quienes buscan un toque extra, se puede saltear la berza con ajo laminado y coronarla con piparras en aros.

Otra opción interesante para enriquecer la presentación es añadir rodajas de morcilla de arroz marcadas a la plancha, que aportan un contraste de sabor y textura muy apreciado, terminando el plato con un toque de cebollino fresco y un hilo de aceite de oliva virgen extra.

Una vez que todos los elementos han alcanzado su punto, se procede a sacar los ingredientes y servirlos cortados en un plato amplio. La combinación de la legumbre cremosa, el embutido ahumado y la patata troceada hace que este plato sea una experiencia gastronómica completa y profundamente arraigada en la cultura popular española.


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