Patatas con bechamel rápida: receta paso a paso y variantes

  • Plato tradicional muy versátil a base de patatas, bechamel y queso, perfecto como principal o guarnición.
  • Puede elaborarse con patatas cocidas en capas o con patatas fritas tipo tortilla, añadiendo jamón, bacon o cebolla.
  • La clave está en una bechamel bien ligada, sin grumos, y en un gratinado dorado y crujiente al horno.
  • Admite múltiples ajustes para aligerar o hacerla más contundente y se conserva bien para aprovechar sobras.

patatas con bechamel rapida

Las patatas con bechamel rápida son uno de esos platos de toda la vida que, en cuanto llegan a la mesa, hacen que todo el mundo sonría. Es una receta sencilla, muy casera, con ingredientes económicos y fáciles de encontrar, pero con un resultado de esos que apetece repetir una y otra vez. Además, es perfecta tanto como primer plato, como acompañamiento de carnes y pescados o incluso como cena única si te sirves una ración generosa.

En esta guía vas a encontrar una versión muy completa y detallada de la receta, combinando la idea del pastel de patata con bechamel al horno con otras variantes donde las patatas se fríen al estilo tortilla para quedar súper melosas. Verás cómo prepararla de forma rápida, trucos para clavar la bechamel, diferentes tipos de patatas que puedes usar, cómo aligerar el plato si no quieres que resulte tan contundente y alguna que otra sugerencia para que te salga de escándalo incluso si es la primera vez que la haces.

Qué son las patatas con bechamel rápida y por qué triunfan tanto

receta de patatas con bechamel

Podríamos definir este plato como un pastel de patata horneado con salsa bechamel y queso gratinado, al que en muchas versiones se le añaden jamón cocido, bacon o beicon y, a veces, cebolla pochada o incluso huevos batidos. Es una receta muy reconfortante, de esas que apetecen en días frescos o cuando tienes ganas de comida casera “de domingo”.

Lo mejor de estas patatas con bechamel es que, con pocos ingredientes básicos (patatas, leche, harina, mantequilla, queso rallado y alguna carne curada), consigues un plato muy vistoso, ideal para cuando tienes invitados o celebraciones en casa. El gratinado dorado y crujiente por encima, con el interior cremoso y lleno de sabor, hace que sea un plato que entra por los ojos y conquista al primer bocado.

Además, es una receta tremendamente versátil y adaptable a tu despensa. Si un día no tienes bacon, puedes tirar solo de jamón york; si quieres algo más ligero, reduces la cantidad de queso o utilizas una bechamel más fluida; si quieres algo más potente, añades más beicon y queso y te das el homenaje sin remordimientos. También se adapta muy bien a diferentes formatos: fuente grande para compartir, cazuelitas individuales, ración pequeña de guarnición, etc. Incluso puedes probar otras recetas con patata como patatas rellenas de atún y gambas.

Ingredientes principales y opciones de sustitución

La base de esta receta es muy sencilla, pero hay distintos enfoques según la versión: una más tipo pastel de patata cocida al horno y otra en la que se fríen las patatas como si fueras a preparar una tortilla. Te detallo los ingredientes más habituales y las posibles variantes para que puedas ajustarlos a tu gusto.

Lista de ingredientes para 4 personas (versión tipo pastel al horno)

Para una fuente grande de patatas con bechamel rápida al estilo gratinado, necesitas aproximadamente:

  • 1 kg de patatas (se suelen usar con piel para cocerlas enteras).
  • Alrededor de 200 g de queso rallado para gratinar (tipo mozzarella, emmental, gouda o mezcla de varios).
  • Unos 150 g de jamón de york o jamón cocido en lonchas o tacos.
  • Aproximadamente 75 g de bacon o panceta en tiras o taquitos para darle un punto ahumado y crujiente.
  • 500 ml de leche para la bechamel principal, más unos 150 ml adicionales para aclararla si espesa demasiado al reposar.
  • 50 g de harina de trigo de todo uso.
  • 40 g de mantequilla para hacer el roux de la salsa.
  • Nuez moscada, sal y orégano seco para condimentar.

Con esta combinación se consigue un plato bastante completo y contundente, ideal como plato principal. El jamón cocido y el bacon aportan sabor y proteína, mientras que la patata y la bechamel conforman la parte cremosa y saciante.

Ingredientes para la versión con patata frita y huevo

Existe otra variante muy popular en la que las patatas no se cuecen, sino que se fríen en aceite de oliva como si fueras a preparar una tortilla española. Para 2 raciones generosas (o 3 moderadas) se suele usar:

  • 1 kg de patatas para freír, cortadas en rodajas finas (idealmente con mandolina).
  • 1/2 cebolla picada muy fina.
  • 2 huevos batidos, que se mezclan con las patatas antes del horneado.
  • Unos 500 ml de bechamel casera (misma base de mantequilla, harina y leche).
  • Aceite de oliva abundante para freír.
  • Queso rallado para cubrir la superficie antes de gratinar.
  • Sal (y, si te apetece, pimienta recién molida).

En esta variante, el resultado son unas patatas super tiernas y doradas, mezcladas con cebolla pochada y huevo, todo ello napado con una bechamel cremosa y rematado con queso gratinado. Es una receta algo más calórica, pero tremendamente sabrosa y muy reconfortante.

Ingredientes para la versión con bacon y cebolla pochada

Otro enfoque muy rico consiste en combinar patatas fritas, cebolla y bacon, todo unido con bechamel y horneado. Para unas 4 personas puedes usar:

  • Patatas nuevas o de buena calidad (suelen recomendar alrededor de 1 kg).
  • Cebolla cortada en juliana (tiras finas).
  • Bacon o beicon en tiras de aproximadamente 1 cm de grosor.
  • Aceite de oliva virgen extra para freír las patatas y la cebolla.
  • Bechamel casera, preparada con mantequilla, harina y leche entera (aprox. 500 ml para una fuente grande).
  • Sal, nuez moscada y, si te gusta, algo de pimienta.

En este caso, el bacon aporta un toque ahumado e intenso, la cebolla da dulzor y las patatas fritas quedan muy jugosas. Es un plato muy casero, perfecto para comidas en familia, en el que la clave está en el punto de la bechamel y en freír las patatas con paciencia para que queden melosas por dentro.

Tipo de patata recomendado

Para la versión de patata cocida al horno, muchos cocineros optan por variedades como Monalisa, que funcionan muy bien cocidas y luego al gratinarlas. Son patatas que mantienen bien la forma pero quedan suaves al morder. En las versiones fritas, lo ideal es usar patata para freír, que se doran mejor y quedan tiernas y melosas, muy similares a las de una buena tortilla de patata.

Sustituciones y ajustes de la receta

Si quieres adaptar las patatas con bechamel rápida a tus preferencias o a lo que tengas por casa, puedes hacer algunos cambios sin problema:

  • Sustituir el jamón cocido por pavo o por restos de pollo asado desmenuzado.
  • Eliminar el bacon/beicon para reducir grasas o cambiarlo por jamón serrano en tiras finas.
  • Usar leche semidesnatada o desnatada en la bechamel si quieres aligerar algo el plato.
  • Probar con leches vegetales (soja, avena, almendra) si necesitas evitar la leche de vaca, ajustando bien la textura y el punto de sal.
  • Reducir la cantidad de queso rallado o usar uno bajo en grasa si buscas un plato menos potente.

Pese a que es una receta tradicionalmente contundente, con estos ajustes puedes conseguir unas patatas con bechamel más ligeras sin perder del todo el sabor y la cremosidad que la hacen tan especial.

Cómo hacer patatas con bechamel rápida paso a paso

Vamos a ver ahora, de forma ordenada, las distintas formas de preparar este plato: primero la versión con patata cocida en capas, luego la variante con patata frita y huevo, y por último la versión con bacon y cebolla pochada. Así podrás elegir la que más te apetezca según el día.

1. Versión tipo pastel de patata cocida con bechamel y embutidos

Esta versión es perfecta si buscas una receta resultona con muy poco esfuerzo, ya que el grueso del trabajo es cocer las patatas y preparar una bechamel básica. Después solo hay que montar las capas y gratinar.

Cocer las patatas enteras

Primero lava bien las patatas sin pelar y colócalas en una olla amplia. Cúbrelas con agua fría hasta que queden sumergidas y lleva la olla al fuego. Deja que el agua rompa a hervir y cuenta unos 30 minutos desde que hierva, aunque el tiempo exacto dependerá del tamaño de las patatas.

Para comprobar el punto, puedes pinchar alguna con un tenedor: cuando entre con facilidad y la patata se note blanda, están listas. Otro truco es fijarte en si la piel se ha agrietado ligeramente; cuando empiezan a abrirse, suele ser buena señal de que ya están cocidas. En ese momento, retira del fuego y escurre.

Preparar la bechamel base

Mientras se cuecen las patatas, puedes ir preparando la salsa bechamel. Coloca la mantequilla en una sartén o cazuela y ponla a fuego medio-bajo hasta que se derrita y tome un ligerísimo tono avellana con algo de espuma. En ese momento, añade la harina (suelen ser dos cucharadas colmadas) y remueve bien con una cuchara de madera o unas varillas.

Deja que la harina se tueste unos minutos sin dejar de mover, para evitar que sepa a crudo, y cuando esté ligeramente dorada ve añadiendo la leche caliente poco a poco y sin dejar de batir. Es importante ir integrando la leche en varias tandas para que no se formen grumos y la textura quede lisa.

Cuando tengas toda la leche incorporada, añade sal y una pizca de nuez moscada. Cocina la bechamel a fuego suave unos 10-15 minutos para que la harina se cueza bien y la salsa espese. La textura debe ser cremosa, no demasiado líquida pero tampoco un bloque. Si te quedara demasiado densa al enfriarse, siempre puedes añadir los 100-150 ml de leche extra y batir de nuevo justo antes de montar el plato.

Pelar y cortar las patatas cocidas

Una vez templadas las patatas cocidas, pélalas con cuidado y retira cualquier parte con motitas o imperfecciones. Córtalas en rodajas de entre 0,5 y 1 cm de grosor, procurando que tengan tamaño similar para que las capas queden uniformes. Aprovecha las rodajas que se hayan roto un poco para la base de la fuente, ya que se notarán menos.

A continuación, corta el jamón de york y el bacon en tiras o trocitos pequeños. El objetivo es que después se repartan bien entre las capas y cada bocado tenga un poco de todo.

Montar la fuente de patatas con bechamel

Unta el fondo de una fuente apta para horno con una capa fina de bechamel. Sobre esa base, coloca la primera capa de patatas, usando las rodajas más irregulares para cubrir bien todos los huecos. Sazona ligeramente con sal y espolvorea algo de orégano, y reparte un puñado de queso rallado por encima.

Después, añade por encima una capa de jamón de york troceado y cubre con otra cantidad de bechamel, esta vez algo más generosa, pero sin ahogar del todo las patatas. A continuación, coloca el resto de las rodajas de patata, vuelve a sazonar con sal y orégano, y termina con otra buena capa de bechamel por encima.

Para rematar, espolvorea el queso rallado por toda la superficie y reparte unas chispas de bacon o panceta por encima. Estas quedarán crujientes tras el horneado y darán un punto muy apetecible al gratinado.

Gratinar en el horno

Introduce la fuente en el horno con calor solo en la parte superior (función grill) durante unos 10 minutos, o hasta que veas que el queso se ha derretido bien y se ha dorado al gusto. El tiempo puede variar según la potencia del horno y lo cerca que esté la bandeja del grill, así que vigila para que no se queme.

Cuando la superficie esté dorada y ligeramente crujiente, saca la fuente del horno y deja reposar unos minutos antes de servir. De esta forma la salsa se asienta un poco y las porciones se cortan mejor, sin desmontarse al servirlas en el plato.

2. Versión de patatas con bechamel y huevo, con patatas fritas

Esta variante se parece mucho a la preparación de una tortilla de patata desestructurada, pero terminada al horno con una buena capa de bechamel y queso gratinado. Es muy reconfortante y perfecta para los amantes de las patatas fritas.

Freír las patatas y la cebolla

Pela las patatas y córtalas en rodajas muy finas. Lo más cómodo es usar una mandolina para que todas las láminas tengan grosor homogéneo y se cocinen rápida y uniformemente. Pela y pica la media cebolla lo más fina posible.

En una sartén amplia, cubre el fondo generosamente con aceite de oliva (sin miedo, como cuando preparas patatas para tortilla). Cuando el aceite esté caliente, añade las patatas salpimentadas y la cebolla, y fríelas a fuego medio, removiendo de vez en cuando. El objetivo es que se hagan por dentro y queden tiernas, ligeramente doradas por fuera pero sin que se tuesten en exceso.

Cuando estén en su punto, retíralas a un escurridor o colador grande para que suelten el exceso de aceite. Este paso es clave para que después el plato no quede demasiado grasiento y la bechamel no resulte pesada en exceso.

Preparar la bechamel y mezclar con el huevo

Mientras se escurren las patatas, prepara una bechamel clásica (mantequilla, harina y leche) o, si prefieres algo más ligero, puedes recurrir a una bechamel más suave con menos harina o incluso a una versión con calabacín triturado, siempre que mantenga cierta cremosidad. Lo importante es que no quede ni demasiado líquida ni tipo puré.

Bate los dos huevos en un bol grande. Añade las patatas y la cebolla bien escurridas, y mezcla con cuidado para no romper demasiado las rodajas. A continuación, incorpora la bechamel y remueve suavemente hasta que quede todo bien integrado. La idea es que patata, huevo y bechamel formen una masa jugosa.

Hornear y gratinar con queso

Precalienta el horno a unos 180 ºC. Pasa la mezcla de patatas, cebolla, huevo y bechamel a una fuente de horno ligeramente engrasada y alisa la superficie con una espátula. Cubre la parte superior con una capa generosa de queso rallado.

Introduce la fuente en el horno con calor arriba y abajo, o si todo está muy caliente porque lo acabas de preparar, puedes activar directamente el grill a 180 ºC. Deja que el queso se funda y se dore, formando una costra agradable al morder.

Cuando el gratinado esté listo, saca la fuente y deja reposar unos minutos. Obtendrás unas patatas muy cremosas por dentro, con la bechamel y el huevo abrazando las rodajas y una capa superior de queso dorado que invita a meter la cuchara.

3. Versión de patatas con bacon, cebolla y bechamel

Esta receta parte del recuerdo de unas patatas con bechamel que muchas personas comían de pequeños, pero con una vuelta de tuerca: en lugar de patatas solo cocidas, aquí se fríen con cebolla en abundante aceite y se les añade bacon, lo que intensifica muchísimo el sabor.

Bechamel cremosa y sin grumos

Comienza preparando la bechamel, de forma parecida a la versión anterior: derrite la mantequilla hasta que empiece a espumar y adquiera un ligero color avellana, añade la harina y cocina un par de minutos removiendo, y ve incorporando la leche poco a poco con varillas metálicas para evitar grumos.

Condimenta con sal y nuez moscada, y cocina a fuego suave unos 15 minutos para que la harina se cueza bien. Si no dominas mucho esta salsa y te quedan grumos, puedes pasarle un toque de batidora; si ha quedado demasiado espesa, añade un poco más de leche y vuelve a batir hasta conseguir la textura deseada.

Lo ideal es que te quede una bechamel de matrícula, suave, brillante y cremosa, de esas que podrías comer a cucharadas. Una vez lista, retírala del fuego y resérvala tapada para que no se forme costra en la superficie.

Freír patatas y cebolla como para tortilla

Pela las patatas y córtalas en láminas algo gruesas, no tan finas como en la versión anterior, para que conserven algo de textura. Pela la cebolla y córtala en juliana, es decir, en tiras finas. Calienta abundante aceite de oliva virgen extra en una sartén amplia y, cuando esté caliente pero sin humear, añade las patatas y la cebolla.

Cocínalas a fuego medio, dándoles vueltas de vez en cuando, de manera que se vayan pochando sin tostarse en exceso por fuera. La idea es que queden tiernas, jugosas y melosas, como para una tortilla española. Cuando estén en su punto, sácalas del aceite y déjalas escurrir en un colador grande para quitar el exceso de grasa.

Saltear el bacon y montar la fuente

Retira casi todo el aceite de la sartén y, sin limpiarla, aprovecha el sabor que ha quedado para saltear en ella el bacon cortado en tiras de unos 1 cm. Fríelo hasta que esté doradito y algo crujiente, y luego mézclalo con las patatas y la cebolla ya escurridas.

Pasa esta mezcla a una fuente de horno y distribúyela de manera uniforme. Cubre por encima con la bechamel que tenías reservada, procurando que llegue a todos los rincones. Si quieres, puedes añadir algo de queso rallado también en esta versión para rematar con un punto extra de gratinado.

Horneado final

Con el horno precalentado a unos 220 ºC con calor arriba y abajo, introduce la fuente y hornea entre 15 y 20 minutos, hasta que la superficie esté bien caliente y empiece a dorarse. Si pasado ese tiempo no ha tomado suficiente color, puedes activar el grill unos minutos más.

Cuando veas la parte de arriba tostada al gusto, retira del horno, deja templar ligeramente y sirve en porciones pequeñas, ya que es un plato bastante potente. Es ideal como entrante para compartir o como guarnición de carnes y pescados.

Consejos y trucos para unas patatas con bechamel perfectas

En una receta tan aparentemente humilde, la calidad de los ingredientes marca una diferencia enorme. Usar buenas patatas, un beicon sabroso y una leche con cuerpo (como la entera) mejora muchísimo el resultado final y hace que la bechamel quede más cremosa.

Respecto a la salsa, es fundamental que la harina se cocine el tiempo suficiente para evitar ese sabor crudo tan desagradable. No tengas prisa en este punto; esos minutos extra a fuego suave son los que convierten una bechamel normalita en una bechamel de 10. Y ojo con la nuez moscada: es una especia muy potente, así que añade solo una pizca para aromatizar sin que robe protagonismo a las patatas.

Si en algún momento la bechamel se te llena de grumos, no te agobies: con un golpe de batidora y un chorrito más de leche suele solucionarse sin problema. Ajusta luego de sal y vuelve a llevar al fuego unos minutos para que recupere la textura adecuada.

Otro detalle importante es escurrir bien las patatas cuando van fritas. Si las pasas directamente de la sartén a la fuente con toda la grasa, la receta puede resultar demasiado pesada. Un buen rato en un colador, o incluso sobre papel de cocina, ayuda a que el resultado sea cremoso pero no grasiento.

Por último, adapta las raciones a lo contundente que sea tu versión: si has añadido bacon, bastante queso y una bechamel espesa, es mejor servir porciones pequeñas como entrante o guarnición, y acompañar el menú con ensaladas o platos más ligeros para equilibrar.

Cómo servir, conservar y aprovechar las sobras

Las patatas con bechamel rápida se disfrutan especialmente recién hechas, bien calientes, con el queso todavía fundido y la bechamel suave. Sin embargo, también aguantan bastante bien si necesitas prepararlas con algo de antelación y recalentarlas más tarde.

Si quieres adelantarte, puedes dejar la fuente ya montada con las capas de patata, embutidos y bechamel, guardarla en la nevera bien tapada y gratinarla justo antes de servir. En ese caso, conviene sacarla un rato antes para que no esté helada al entrar en el horno, o darle unos minutos más de horneado para que se caliente bien el interior.

Las sobras se pueden guardar en la nevera, tapadas, durante 2-3 días sin problema. Para recalentarlas, es mejor usar el horno o el microondas a potencia media, para que vuelvan a quedar cremosas. Si ves que la bechamel se ha espesado demasiado, puedes añadir una cucharada de leche por encima antes de calentar.

También puedes aprovechar lo que te quede para transformarlo en otro plato diferente: por ejemplo, como relleno de crepes salados, como capa de un pastel de carne o como base para una especie de lasaña de patata. El sabor se mantiene muy bien y da mucho juego en la cocina del día a día.

Al final, estas patatas con bechamel rápida combinan la sencillez de la cocina casera con un punto festivo gracias al gratinado, y permiten mil variaciones: con patata cocida o frita, con jamón, bacon o solo verduras, con bechamel ligera o bien contundente, siempre manteniendo esa mezcla de patata tierna, salsa cremosa y queso dorado que hace que se hayan convertido en uno de los platos favoritos en tantas casas.

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